Domingo 22/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Profesor para siempre

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Comienza el curso en tiempo de mutaciones académicas, como por ejemplo el nombramiento del hasta Rector de la Universidad Pontificia de Comillas, P. José Ramón Busto, S. J., como nuevo párroco de la madrileña Iglesia de San Francisco Javier; o el de la inminente toma de posesión -signo de evidente esperanza- de Ángel Galindo como nuevo Rector de la Universidad Pontificia de Salamanca; o la celebración este fin de semana de la reunión de responsables de la Pastoral Universitaria de Europa en Madrid.

La publicación en español del libro del periodista Gianni Valente sobre la trayectoria docente del profesor Ratzinger puede ser un oportuno aldabonazo a la conciencia académica.

Durante esta semana, editado por San Pablo, se distribuirá en las librerías este texto que puede ser considerado un eco del libro homenaje que J. Clemens y A. Trazia prepararon cuando el joven profesor Ratzinger cumplió setenta años. Construido sobre la cuidada recopilación de documentos originales, de actas académicas, de programas docentes, y de testimonios de los alumnos de sus distintas etapas, Munich, Bonn, Münster, Tubinga y Ratisbona, representa una síntesis no sólo de la biografía académica de nuestro Santo Padre, sino de la evolución y del proceso del diálogo del cristianismo con la cultura Europea en el siglo XX. Porque, al margen del valor testimonial del libro que completa la autobiografía de Benedicto XVI, de las anécdotas elevadas a categoría –como esa de la preocupación de Ratzinger por sus alumnos, como en el caso de la joven revolucionaria Karin-, en sus páginas se delinea perfectamente lo que la Universidad española, y probablemente la mayoría de la Europa, añora en este momento de la historia: al maestro, que ha sido sustituido por el profesor tecnificado. Con más probabilidad que menos, también en los ámbitos teológicos.

Nos encontramos en el libro con un profesor Ratzinger que hacía, con sus clases, que los alumnos entraran en contacto con algo grande, lo que tiene que ver con el corazón de la vida cristiana; con un profesor que confesaba que el mejor momento de una clase es cuando los alumnos dejan el bolígrafo encima de la mesa y fijan obsesivamente su mirada en los que estás diciendo; en ese momento, has logrado llegar a su corazón; con un profesor que no buscaba crear un sistema propio de autoelogio o nuevas teorías de moda, sino pensar con la fe de la Iglesia y con los grandes pensadores de la fe; con un profesor que nunca aisló la teología de las grandes preguntas filosóficas y culturales de su tiempo; con un profesor que atrajo a un grupo de alumnos y creó una comunidad en búsqueda de la verdad, que perdura en el tiempo.

Con un profesor, Doktorvater, en suma, que vivió las dificultades del mundo universitario desde muy pronto, la cerrazón de Schmaus, las envidias de sus compañeros de Bonn, el alejamiento y radicalización de sus colegas de Tubinga o las peculiaridades de sus amigos de la Integrierte Gemeinde. Un ejemplo para jóvenes y viejos profesores el de éste profesor para siempre.

José Francisco Serrano Oceja

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