Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Zapatero, el presidente ausente

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La primera afirmación democrática de los presidentes electos suele ser su compromiso de gobernar para todos los ciudadanos. Es su obligación. Como servidores públicos deben intentar respetar las diferentes sensibilidades políticas, ideológicas, religiosas o deportivas. No hace falta, por ello, que un primer ministro sea seguidor del Barcelona para poder asistir a la final de la Champions si aquel equipo aspira al título. Por lo mismo, tampoco es necesario que Zapatero sea católico, ni que esté de acuerdo con el Papa, o con la doctrina cristiana, para asistir a un acto religioso presidido por Benedicto XVI, con la presencia de los Reyes, que supone un hito histórico en un monumento de prestigio internacional como la Sagrada Familia. Su gesto resulta no sólo una descortesía, sino que transparenta escasa talla política.

Zenón de Elea