Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La Iglesia y el 23F

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A punto estaba de escribir sobre la preguntas del PP en el Congreso acerca de las medias que va a adoptar el Gobierno en defensa de la libertad religiosa en el mundo, especialmente en Oriente Medio, cuando me dio un vuelco en el corazón un parrafito del descargo de conciencia de Juan Luis Cebrián, miles de alias, sobre el 23F. Por eso de que el Pisuerga pasa por "El País", y aún no han podido encontrar a ningún obispo, arzobispo o cardenal, en los conciliábulos previos a la intentona golpista, el genio de Liberty le lanza a la Iglesia una andanada de las que no vienen a cuento, con la siguiente tesis, -agarre el lector el ordenador no vaya ser que tiemble el misterio de los unos y ceros-: "Juntos andaban igualmente los obispos españoles, reunidos en conferencia por casualidad esa misma tarde, y protagonistas de un silencio más culpable que cobarde. La misma Iglesia que había bendecido y apoyado décadas atrás el levantamiento fascista del general Franco, callaba a hora ante una agresión armada contra la libertad".

Menos leer a José María Martín Patino, en declaraciones a María Antonio Iglesias, por no decir María Antonio Iglesias en declaraciones a Martín Patino; menos leer las memorias de Alfonso Guerra, y más rigor. Al genio de las plataformas se le tendría que haber ocurrido recurrir, al menos, a lo confesado por el cardenal Tarancón, por ejemplo, en el libro de José Luís Martín Descalzo "Tarancón, el cardenal del cambio"; o haberse preocupado por los testimonios publicados de los obispos en aquella noche, por ejemplo el de Ramón Echarren quien confesó que "ningún obispo habló en contra de la democracia y a favor del golpe".

No es cierto que los obispos estuvieran reunidos casualmente. Se celebraba la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, a las afueras de Madrid, de elección de Presidente, nada más y nada menos que el siguiente tras el largo período de Tarancón. Elección que recayó en Monseñor Díaz Merchán. Antes de que conocieran el nombre de su presidente, los obispos ya habían redactado un documento de apoyo a las instituciones democráticas, y a la Monarquía, al tiempo que enviaron un telegrama de adhesión y cercanía al Rey. Quizá también puede preguntar a monseñor Antonio Montero, arzobispo emérito de Badajoz, quien sabe mucho de aquella noche, de la redacción del comunicado y de los procesos internos y externos. Y también de la oración de los obispos que, no en vano, es algo que les distingue del resto de los líderes sociales.

Una vez más, el progresismo español no pierde la oportunidad de desacreditar a la Iglesia, venga o no a cuento, se hable de lo que se hable, se escriba de lo que se escriba. Y así nos va.

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