Domingo 24/06/2018. Actualizado 01:54h

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Diócesis

Secularización y miedo al compromiso

Expertos de la archidiócesis de Burgos explican los motivos del descenso de las bodas católicas

El vicario judicial afirma que las causas son la inmadurez de la sociedad y no tomarnos en serio las relaciones interpersonales

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Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, las bodas católicas se sitúan en mínimos históricos: solo el 22% de las parejas se casa por la Iglesia.  En la diócesis de Burgos el porcentaje es algo mayor, ya que el 40% de los jóvenes optan por pasar por el altar. El arzobispado burgalés ha analizado con expertos en pastoral familiar estas cifras.

Boda en una Iglesia católica. Boda en una Iglesia católica. RC

Un artículo publicado por la archidióceiss de Burgos se pregunta: ¿qué se esconde detrás de las cifras? ¿La secularización de la sociedad o el miedo al compromiso?

Hace una década el total de matrimonios civiles y eclesiásticos contraídos en la provincia de Burgos alcanzaba la cifra de 1.637 uniones, de ellas, 876 religiosas (860 entre católicos y 16 entre un católico y un no católico). En 2016, esas cifras habían descendido ya hasta 1.234, y del total, solo 459 fueron matrimonios entre católicos y 7 entre un católico y un no católico. 

Crisis del compromiso comunitario 

Jorge Lara y Laura Pérez son los delegados diocesanos de Familia y Vida. En su opinión, el descenso tanto del número de matrimonios civiles como religiosos responde a lo que el Papa Francisco ha llamado "crisis del compromiso comunitario", que tiene su principal exponente en la crisis del compromiso matrimonial. Aumentan los hogares unipersonales, y en Inglaterra crean un "ministerio de la soledad".

En la misma línea se manifiesta el vicario judicial adjunto, Donato Miguel Gómez Arce: "Yo creo que nos falta tomarnos en serio las relaciones interpersonales y a eso se le añade una progresiva inmadurez de la sociedad. La sociedad está desestructurada. Y si tú tienes una sociedad desestructurada, una de sus instituciones básicas y elementales, que es la familia, la tienes desestructurada. Es una pescadilla que se muerde la cola".

Como contrapartida, el vicario judicial de la diócesis apunta que se ha producido "una depuración. Antes, mucha gente se casaba por la Iglesia porque era un acto social o porque en su familia no se concebía el no casarse por la Iglesia. Vestido de novia, alfombra roja, retablo bonito… y es curioso, en las iglesias modernas, salvo que existiese un vínculo muy profundo con esa parroquia, no había bodas, todo el mundo se iba a una Catedral, a un San Nicolás, a una iglesia espectacular. En el sentido positivo, ahora nos encontramos con que el que se quiere casar por la Iglesia, lo hace, y el que no, no tiene que salvar el obstáculo de la presión social o familiar. De hecho, en las nulidades matrimoniales hemos contemplado casos de muchas personas se habían visto abocadas al matrimonio por una falta de libertad, cosa que ahora mismo no se da, salvo en unos sectores o en unas familias de tradición fuerte católica".

¿Se sabe lo que hace?

Todas las parejas que van a contraer matrimonio eclesiástico pasan por un cursillo, lo que podemos llamar una preparación inmediata para cubrir un expediente cuando ya se ha fijado fecha de boda. Pero tanto el vicario como los delegados de Familia consideran que no es suficiente.

"Aunque la gran mayoría acaban muy contentos de los cursillos, muchos llevaban años alejados de la vida eclesial. La fe había dejado de significar algo en sus vidas. Desde distintas delegaciones se está profundizando en esa preparación remota, Catequesis, Juventud, Pastoral Vocacional, Familia… pero queda mucho por hacer. Hay alguna experiencia en marcha de grupos de novios sin horizonte inmediato de boda, pero hay que extenderlas más. También se sigue trabajando en la educación afectivo sexual tanto en colegios como en parroquias, y para ello estamos formando monitores", explican Jorge y Laura.

Una vez que la pareja ha pasado por el altar, queda aún una importante tarea: el acompañamiento. "A todos se les invita a incorporarse a sus comunidades parroquiales, se les presentan distintas realidades de movimientos… No es suficiente, porque la llama que se prende en los cursillos es fácil que se vuelva a apagar. Se están haciendo experiencias de matrimonios jóvenes, que son gérmenes o ensayos que esperamos que se consoliden. También hemos iniciado las experiencias de las ITV matrimoniales, y hay que animar más a tener experiencias como los fines de semana de Encuentro Matrimonial, los encuentros conyugales del Movimiento Familiar Cristiano, Cursillos de Cristiandad y otras, como retiros o grupos de oración para matrimonios y familias".

Cuando llega la crisis

El Centro de Orientación Familiar (COF) es el recurso diocesano donde desembocan algunas de las situaciones de crisis conyugal y al que se pretende dar una mayor difusión para que se pueda intervenir antes de que las rupturas sean irreversibles. También en este punto desempeña un papel fundamental el propio tribunal eclesiástico, cuya dimensión pastoral es, según Donato Gómez, obligada. Todas las parejas que presentan demanda de nulidad pasan un filtro (el pasado año mantuvo 72 entrevistas y solo 24 terminaron en demanda).

"Hay un porcentaje al que he enviado a hacer terapia porque los problemas no eran esenciales, porque esas personas necesitaban darse la oportunidad de reconducir su situación. Incluso dentro de las que sí que se ve que hay realmente nulidad, en algunos casos hemos ido a una sanación y se ha podido reconducir ese matrimonio".

Lo cierto es que las demandas de nulidad están creciendo porque hay más información, sobre todo a  raíz del documento motu proprio del papa Francico Mitis Iudex Dominus Iesus para la reforma del proceso canónico de nulidad del matrimonio. "Hasta entonces todas las personas que venían lo hacían desde una situación ya bastante rota, en su mayoría, o habían ya iniciado o consolidado una relación nueva, no había visos de volver atrás".

Otras de las consecuencias del documento pontificio han sido la agilización de los procesos y, sobre todo, "acabar con el mito de que la nulidad cuesta un dineral. n Burgos, por lo menos, hemos tenido siempre un porcentaje de en torno al 50% de causas de beneficio de justicia gratuita. Hay una serie de criterios: cuando una persona no tiene recursos, se le concede la exención de las tasas. Y también los abogados que están ayudando al tribunal llevan el proceso de manera gratuita. Estamos hablando de unas cifras de 200 euros para quien puede pagarlo".

Hay quien piensa que hoy la nulidad del matrimonio canónico es "un café para todos", y frente a ello Gómez Arce subraya que "esto no es un divorcio encubierto. No, aquí no se trata de dar nulidades, si hay visos, a partir de unas pruebas, de que ese matrimonio no ha sido válido, declaramos que es nulo. Si no hay visos de nulidad, declaramos que es válido. Lo que sí intento es que el proceso no sea sangrante en el sentido personal, sino que sea terapéutico. Ayudamos a que se traten de sanar las heridas que una relación ha provocado, hay que tener en cuenta que detrás de quien viene a solicitar una nulidad hay mucho sufrimiento, muchas heridas, traumas, entonces es muy importante entrar al fondo, no desde el morbo ni desde la curiosidad, sino desde el afán sanador y terapéutico".



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