Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Un libro descubre las tradiciones navideñas de Juan Pablo II

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“La Noche de las luces: Páginas y homilías de Navidad”, es el título del libro que recoge algunas intervenciones de Juan Pablo II, antes y después de su elección a la sede de Pedro, sobre este período litúrgico.

En un artículo publicado en L’Osservatore Romano, el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia (Polonia), recuerda a propósito de la publicación del volumen, que para Karol Wojtyla la alegría de la Navidad era algo que, meditado y contemplado en la liturgia y en la vida cotidiana, debe compartirse con los demás.

El que fuera secretario del Venerable Juan Pablo II, afirma que para el pontífice polaco las fiestas navideñas eran fiestas de la familia, “a pesar de que él mismo había perdido la suya”: su madre murió cuando era niño, la hermana al poco de nacer, el hermano mayor cuando ejercía su profesión médica y su padre durante la Segunda Guerra Mundial.

El Papa polaco celebraba la Navidad “con gran alegría con los sacerdotes y las religiosas que trabajaban con él. Siempre estaba rodeado de la “familia” de sus estudiantes desde los tiempos en que fue capellán en San Florián, en Cracovia”. Recuerda además que los invitaba al palacio episcopal en Cracovia y después a Roma, porque creía que “la alegría de la Navidad debía ser compartida con otros”.

Una vez en el Vaticano, Karol Wojtyla pasaba la Navidad con la familia pontificia, compuesta no solo por los cardenales y monseñores que trabajaban en la curia romana, sino también por los gendarmes y por quienes desempeñaban otros servicios.

La tradición de colocar un árbol en la Plaza San Pedro la inició Juan Pablo II en 1982. Desde entonces, las diversas regiones montañosas de Europa -donde los árboles viejos deben ser talados para evitar incendios- se turnan para enviar el abeto de Navidad.

Juan Pablo II, recuerda el cardenal Dziwisz, también celebraba la Navidad con el Belén y el gran árbol de la Plaza. Además, le gustaba cantar villancicos, así como las comidas típicas de este periodo, “porque ayudaban a crear una atmósfera inolvidable y a vivir así el misterio del nacimiento de Dios”.

Siguiendo la tradición polaca, en la Nochebuena toda la familia se reunía en torno a la mesa. En ese día se añade un cubierto más y una hoja de oblea que los comensales parten entre sí en señal de reconciliación.

Por Alfonso Bailly-Bailliére

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