Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

·Publicidad·

Crónica de Roma

El hombre con el trabajo que Benedicto XVI quería

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Se llama Jean-Louis Bruguès y es el nuevo bibliotecario de la Santa Romana Iglesia y archivero del Archivo Secreto Vaticano: puestos que Benedicto XVI pidió ocupar en tres ocasiones a Juan Pablo II.

Jean-Louis Bruguès es un sacerdote dominico que hasta el pasado mes de abril trabajaba en la Congregación para la Educación católica. De un momento a otro, fue el mismo Papa el que le pidió que ocupara el cargo dentro del Vaticano que él siempre había querido: el de bibliotecario de la Biblioteca Apostólica Vaticana.

Cuando Benedicto XVI aún era el cardenal Ratzinger y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en tres ocasiones le pidió explícitamente a Juan Pablo II abandonar ese puesto y volver a su Baviera natal para poder dedicarse al estudio. Como el papa polaco le necesitaba en la curia romana, el cardenal Ratzinger rindió su obediencia, pero le pidió al menos ocupar un cargo de menor intensidad, y trasladarse a la Biblioteca Apostólica Vaticana. Juan Pablo II tampoco se lo permitió y no mucho tiempo después, el cardenal Joseph Ratzinger fue elegido Papa y los planes de retirarse cambiaron radicalmente.

Sin embargo, Joseph Ratzinger ya como Sucesor de Pedro siguió escribiendo y el cargo de bibliotecario, que hasta ahora lo ocupaba el cardenal Raffaelle Farina, de 79 años, ya había presentado su dimisión, pero por falta de un sucesor determinado, no se había hecho aún efectiva. Hasta el pasado 30 de abril.

"Cuando me convocó, el Papa me hizo una pequeña confidencia. Él quería ser bibliotecario antes de ser elegido Papa, como ese sueño no se pudo realizar quería hacerlo realidad a través de mi persona", cuenta el mismo Bruguès en un español perfecto.

Y es que la Biblioteca Apostólica Vaticana y el Archivo Secreto Vaticano son mucho más que sus 54 kilómetros de libros y 92 kilómetros de archivos. Por sus peculiares características se trata de un lugar en el que se alberga una parte de la historia de la Iglesia y también de la humanidad. Además de conservar y cuidar este patrimonio inigualable y ponerlo a disposición de expertos e investigadores, monseñor Bruguès asegura que el trabajo en la Biblioteca tiene también un carácter de 'diplomacia escondida'.

"La Biblioteca mantiene relaciones con países que no tienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede", afirma Bruguès. Y cuenta –con una gran sonrisa- el ejemplo de una universidad china, que hace pocos meses pidió ayuda al Vaticano para digitalizar unos documentos chinos que están en la Santa Sede y después poder hacer uso de ellos. Bruguès aceptó la petición sin dudarlo y sólo puso una condición: les ayudaría a digitalizar sus documentos si después se hacía una exposición conjunta, en la China comunista. "Y estuvieron de acuerdo", concluye satisfecho el nuevo bibliotecario.

Bruguès asegura que está muy contento con su nuevo trabajo y que a pesar de haber cumplido hace poco 69 años todavía se siente como un niño: "Cuando salgo por la mañana de mi apartamento para llegar al trabajo caminando, tengo la impresión de volver a mis ocho años con la bolsa, andando a la escuela para aprender. Tengo una nueva juventud para aprender".

Ante los muchos proyectos que tiene por delante, asegura que uno primordial le ocupará todo este primer año. Y es que quiere reunirse durante media hora con todas las personas que trabajan en la Biblioteca Apostólica Vaticana para hablar personalmente con ellos y conocerlos. Además, tratándose de la Biblioteca del Vaticano es imposible no pensar en los documentos sobre el controvertido pontificado de Pío XII. A lo que Bruguès responde, sin alterarse lo más mínimo que los están preparando: "No es una menuda tarea. El Papa me dijo que confiaba en mi capacidad diplomática para publicar todos los documentos del pontificado de Pío XII, así que estarán listos en unos dos años". Algunas de las sorpresas que se guardan en el Archivo Secreto Vaticano y que poco a poco irán descubriéndose, de la mano de su nuevo bibliotecario, monseñor Jean-Louis Bruguès.

·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·
·Publicidad·