Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:34h

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Crónica de Roma

Antes de que sea demasiado tarde para los cristianos de Tierra Santa

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La situación de los cristianos en Tierra Santa comienza a ser insostenible. Las vejaciones, insultos y amenazas están a la orden del día. Por eso el Custodio de Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa ha escrito al presidente israelí Shimon Peres para que ayude a frenar esta ola de violencia a pocos días de la Semana Santa, antes de que sea demasiado tarde.

Quedan pocos días para que comience la Semana Santa y el mundo vuelve sus ojos hacia los Santos Lugares, allí donde ahora el odio a los cristianos se ha radicalizado en los últimos meses.

Las relaciones entre las distintas religiones en Tierra Santa no son fáciles, pero la situación ha pasado de castaño a oscuro y por eso, el encargado de Custodiar los Santos Lugares ha pedido ayuda a las autoridades, en concreto al presidente del país. Pierbattista Pizzaballa, Custode de Tierra Santa, es un monje franciscano que vive en Jerusalén desde hace más de 15 años y que no puede tolerar que "estas acciones no hayan comportado ningún arresto".

Según informa el vaticanista Mario Tossati en Vatican Insider, Pizzaballa contaba en la carta al presidente Israel: "desgraciadamente con el pasar de los años hemos aprendido a ignorar las provocaciones y a proseguir con nuestra vida cotidiana. Pero esta vez parece que se ha ido demasiado lejos, no podemos seguir permaneciendo en silencio".

Los ataques no son sólo contra cristianos católicos, sino también contra otros puntos importantes para otras confesiones como el monasterio greco-ortodoxo del Valle de la Cruz o , allí se puede leer "Jesús está muerto", "muerte a los cristianos" o "el precio que hay que pagar" (price tag) que es el eslogan de una campaña violenta que llevan a cabo judíos y nacionalistas contra palestinos y ahora también contra católicos.

Pizzaballa ha pedido a Peres que pare esta violencia "antes de que se convierta en algo habitual nen la vida cristiana de Isarel". Y sobre todo antes de que los pocos cristianos que todavía residen allí huyan del sufrimiento y las vejaciones que sufren por vivir en los lugares en los que vivió Jesús y en los que ya no sólo no bienvenidos, sino directamente atacados.

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