Sábado 18/11/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

El Papa subraya los dos pilares de la vida de Juan Pablo II: la oración y el ardor misionero

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Benedicto XVI asistió el pasado sábado por la tarde a la proyección del documental “El peregrino vestido de blanco” (“Jan Paweł II. Szukałem Was...”), dirigido por el director polaco Jarosław Szmidt y producido por Artrama. La película narra momentos decisivos del pontificado de Juan Pablo II, con testimonios de representantes religiosos, personalidades del mundo de la comunicación, la cultura, la ciencia y la política. Entre los presentes, se encontraban cardenales, miembros de la Curia Romana y los realizadores del documental.El Papa agradeció a los realizadores la seriedad con que lo han preparado, así como la calidad, siendo, aseguró, “una de las más válidas contribuciones con motivo de la próxima beatificación de mi querido predecesor”, en la que se “destaca fielmente tanto la personalidad del Papa, como su incansable labor a lo largo del pontificado”.Benedicto XVI subrayó “los dos pilares” de la vida y del ministerio del pontífice polaco: “La oración y el ardor misionero. Juan Pablo II ha sido un gran contemplativo y un gran apóstol de Cristo. Dios le escogió para la sede de Pedro y le mantuvo durante muchos años para introducir a la Iglesia en el tercer milenio. Con su ejemplo, nos ha guiado a todos en esta peregrinación, y ahora sigue acompañándonos desde el cielo”.Son ya numerosas las obras audiovisuales acerca de la figura de Juan Pablo II, y no digamos las publicaciones que proliferan sobre todo en estos meses. Basta recordar el libro que recoge las cartas y mensajes del Papa a jóvenes, mujeres, ancianos, enfermos, etc. Recientemente se ha publicado un volumen con gran parte de las entrevistas del pontífice polaco durante los vuelos internacionales, que fueron grabadas -como es habitual- por los técnicos de Radio Vaticano.Normalmente, al inicio de los viajes, el Santo Padre se dirigía a la parte trasera del avión para saludar a los periodistas que le acompañaban y establecía con ellos un diálogo interesante por medio de preguntas y respuestas. Recuerdo en este sentido la visita que realizó el 24 de enero de 1994 a la Oficina de Prensa de la Santa Sede, donde accedió amablemente a que la sala donde tienen lugar las conferencias de prensa se llamara a partir de entonces “Aula Juan Pablo II”.Durante aquella histórica visita, que quiso hacer coincidir con la fiesta de San Francisco de Sales, Patrón de los periodistas, Juan Pablo II se dirigió al personal y periodistas acreditados que abarrotaban la sala y a quienes al final del acto saludó personalmente. Fue una muestra clara de su atención por todos y cada uno de los presentes, de que le importaba lo que hacíamos. Alfonso Bailly-Bailliére

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