Viernes 24/11/2017. Actualizado 01:00h

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Católicos

“Siempre intenté convencer a mis padres del sinsentido de la Iglesia, pero no habría podido superar el cáncer sin Dios”. Así ha vivido una voluntaria la misa inaugural de la JMJ

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La misa de inauguración de la JMJ, oficiada por el cardenal Rouco Varela, ha concentrado a miles de peregrinos en la plaza de Cibeles. El gran equipo humano que forman los jóvenes voluntarios de la JMJ ha sido imprescindible para la buena marcha del evento. Así lo ha vivido Paloma García, una de las voluntarias:

La ceremonia ha comenzado a las 20:00 pero a primera hora de la tarde, el lugar ya estaba completamente abarrotado de jóvenes y congregaciones. Paloma García es una madrileña de 21 años, estudiante de Educación Social y voluntaria en la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Muchos de sus compañeros han estado volcados en los preparativos del primer evento de la JMJ desde las 11 de la mañana. Ella ha llegado al finalizar su jornada de trabajo social con mujeres gitanas.

El ambiente que ha encontrado no podía ser más juvenil: los peregrinos se recibían a gritos, coreando el nombre de cada país, los chavales combatían el calor lanzándose agua y de fondo se podía escuchar a Jenifer López, BlackEyedPeas y Fito y Fitipaldis. La multitud ha obligado a cerrar más paradas de metro de las que se tenían previstas, inundando las calles desde la estación de Atocha hasta más allá de la plaza de Colón. En las pantallas se han proyectado anuncios realizados por los propios voluntarios y numerosos vídeos en recuerdo al beato Juan Pablo II.

Gracias a su familia, Paloma ha crecido involucrada en la fe cristiana, por eso no dudó en ofrecerse para la JMJ: "Me hice voluntaria porque es un bien necesario ayudar en algo en lo que creo". Recuerda también el apoyo y los consejos que ha recibido de su familia al tomar la decisión: "Es justo que lo que nosotros hemos tenido gratis, lo tengan gratis los demás, por eso estoy aquí ayudando".

Durante la misa de Cibeles, Paloma ha sido una de las encargadas de controlar el 'pasillo de seguridad', un espacio preparado para facilitar el acceso del SAMUR y la policía, y poder desalojar rápidamente a los peregrinos que, por ejemplo, sufran desmayos. Pero su labor como voluntaria comenzó hace varios meses, con la llegada de los primeros peregrinos. Los fieles de la parroquia de San José, del Camino Neocatecumenal, han repartido desayunos, preparado mochilas y alojado a peregrinos argentinos y paraguayos.

La familia de Paloma acogerá a una familia angoleña durante la JMJ. La joven confiesa haber aprendido mucho al conocer a personas de un país donde la Iglesia católica es aún perseguida: "Es impresionante el testimonio tan fuerte que traen, y que sirve para reforzar tu propia fe. Nos contaban casos de persecuciones, de niñas violadas por sus padres, y como aún así les habían perdonado".

La joven voluntaria recuerda que también ha vivido situaciones dramáticas que la han acercado más a Cristo: "Estuve enferma de cáncer de colon. Pensé ¿qué clase de Dios me manda esta enfermedad? Me ha quitado mi trabajo, mi carrera... pero gracias a Dios, ahora le he sacado un sentido mucho más grande a las cosas que tenía". Explica que siempre intentó convencer a sus padres del sinsentido de la Iglesia, pero ahora se siente segura al poder hablar desde la experiencia, ya que "durante la enfermedad, por muchas personas que haya a tu alrededor, te sientes sola. Después de dos meses en la cama de un hospital, sin Dios habría caído en una depresión".

Paloma tiene muchos ejemplos a su alrededor que la hacen sentirse firme en la fe y arraigada en Cristo, como reza el lema de la JMJ. Su padre también está gravemente enfermo; la joven voluntaria cuenta que "está casi muriendo y aún así se mueve por todo lo que necesite la Iglesia. Hay que hacer que la gente conozca lo que nosotros hemos conocido. Si mi padre está dando su propia vida, ¿cómo no va a ser importante?".

Ante la sorpresa de quien conoce su historia, Paloma se muestra feliz de poder celebrar en la JMJ su encuentro con Dios. "Los voluntarios han trabajado en medio de una gran fiesta". Así define Paloma la JMJ, alegre de verse rodeada de gente con sus mismas creencias: "Lo mejor es la comunión con la gente. Ya de entrada tienes la ocasión de hablar con la gente, porque no te sientes juzgada. Todo el mundo sonríe, no tienes que enfrentarte al debate constante con tus amigos, con los vecinos y conocidos".

A los que no se han animado a participar en este evento, Paloma les invita a conocer la JMJ desde dentro. "Que conozcan al Papa o a los voluntarios". Esta voluntaria madrileña dice no sentirse identificada con "la Iglesia que quieren hacer ver que somos. Creen que somos 'diferentes', pero no tienes que cambiar tu vida: puedes ser cristiano y tener tus ideas políticas, eso la gente lo confunde a menudo".

Paloma cuenta que a lo largo de la tarde se han acercado muchos curiosos; algunos a felicitarles por su trabajo y otros a criticarlo. Entiende a aquellos que no ven con buenos ojos la visita del Papa, pero a los que se han acercado a la zona de voluntarios ha tratado de explicarles que "como estudiante también me quejaría de que suba el transporte público, pero hay que pensar todas las vidas que ha salvado la Iglesia. La gran ayuda que da la Iglesia va más allá de un billete de metro".

Paloma cree que la Iglesia ha sabido evolucionar y adaptarse. Valora la labor inclusiva de muchos jóvenes, pero lamenta la intolerancia de otros: "Yo estaba dentro del 15-M, en las asambleas católicas, porque buscaban respeto, que es lo que busco yo. Pero los de la 'marcha laica' se han dado con los valores en la cara, al excluirme a mí y a tantos otros" se queja. Aún así afirma estar satisfecha porque "somos muchos más jóvenes católicos de lo que la gente piensa". A punto de finalizar la misa del cardenal Rouco, miles de jóvenes siguen llegando a la plaza de Cibeles para dar la bienvenida a la JMJ Madrid 2011.

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