Sábado 19/08/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Joseph Ratzinger en busca de lector

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Benedicto XVI tiene tirón y todo lo que suena a esa combinación genial de elegancia y de inteligencia, que es la teología del Papa, fascina. Pero ya se ve que la Iglesia en España, o el católico español, no ha aprobado aún la asignatura del trabajo intelectual, del debate cultural de fondo, del descubrimiento de quienes son capaces de elevar la mirada y el pensamiento.

Demasiadas ausencias en la presentación del primer volumen de las Obras Completas de Joseph Ratzinger en español. Notable representación de las Universidades Pontificias, pero escasa de las católicas, y del mundo universitario en general. Sorprende la ausencia de altos representantes de la Nunciatura.

¿Acaso una obra de esta naturaleza no es suficientemente relevante para que penetre en la conciencia, incluso geográfica, del catolicismo español? El Papa no necesita intérpretes. Está claro. Pero sí de quienes ayuden a descubrir la riqueza de su pensamiento, de lo que dice, de lo que apunta, de lo que sugiere. La ausencia de obispos españoles, -ni siquiera los de la Provincia eclesiástica, a excepción de monseñor Martínez Camino, o los de las diócesis más cercanas-, ¿es un signo de que a la Iglesia en España le aprisiona la actividad pastoral más que la labor intelectual? ¿Dónde estaban los líderes de los movimientos y realidades de Iglesia? ¿Dónde estaban los religiosos y las religiosas, la Vida Consagrada?

Un acto popular, en un entorno adecuado, con la presidencia del cardenal Rouco, que es capaz de llenar la mesa y de ofrecer, en última instancia, un punto de vista atractivo. La teología alemana, la universidad alemana, la persona y el pensamiento de Ratzinger, son espejo de la biografía intelectual del cardenal de Madrid, y esto se nota.

Abonado a estas lides, el teólogo Olegario González de Cardedal es, sin duda, el agente de preces del autor y de su obra. Con su sistemático género de divulgación teológica, enraizado en la tradición académica, es capaz de sintetizar, suscitar, provocar, y de enviar los mensajes oportunos a quien corresponda. Con la edad, ¿se gana en libertad?

Don Olegario tuvo un gesto de espontánea sinceridad, de particular valor y relevancia, cuando interpeló a los editores católicos españoles para que dejaran de mirar tanto a Anselm Grüm –esto es literal-, y a los réditos de sus obras, y se fijaran más en otros países europeos en los que el estado de la edición de las grandes obras, también de las completas, de los teólogos de peso marca el quehacer y la tendencia editorial. ¿Es un problema de política editorial o de público?

Si un acto de esta naturaleza, que tiene mucho de homenaje a la talla intelectual del Papa, no es capaz de congregar en Madrid a quienes representan al mundo del pensamiento católico, de la intelectualidad católica, algo está fallando. ¿O acaso el abandono del apostolado del pensamiento y de la pluma durante muchos años nos está pasando factura?

La verdad es que Joseph Ratzinger se merece algo más, el maior de la tradición jesuítica y española. Un autor de su categoría demanda un público lector, un interlocutor, que le aprecie, entienda, aprenda y dialogue con él. Tenemos a Ratzinger; habrá que trabajar por tener ese público que el autor merece.

jfsoc@ono.com

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