Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Luto en la casa de Benedicto XVI. Fallece una de las personas que le atienden

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En la madrugada de ayer murió en el Policlínico Umberto I de Roma Manuela Camagni, una de las cuatro “memores Domini” que cuidan del apartamento papal y forman parte de la Familia Pontificia.

Manuela fue atropellada por un coche la noche del 23 de noviembre cerca de la Via Nomentana, unas de las principales vías de Roma, cuando regresaba de una cena. Tras ser socorrida por el conductor del automóvil fue conducida al hospital y operada en la cabeza, pero todos los intentos por salvarla resultaron inútiles.

Manuela se ocupaba en particular de los apartamentos de los dos secretarios del Papa, los monseñores Georg Gänswein y Alfred Xuereb. Tenía a su cargo el almacén de los géneros alimentarios que le regalan al Papa y que se redistribuyen. El sábado pasado, por ejemplo, los pobres e inmigrantes que comparten mesa en uno de los comedores de la Caritas romana se encontraron con una agradable sorpresa en su plato: un tartufo blanco (hongo subterráneo) de un kilo, que le había regalado al Papa pocos días antes un empresario italiano.

Antes de entrar a formar parte del equipo de “ángeles custodios” que se encargan del servicio del Papa, Manuela había asistido al entonces obispo de Túnez, monseñor Fouad Twal, actual patriarca de Jerusalén de los Latinos. Las cuatro mujeres, junto con los secretarios y el “ayudante de cámara”, forman una verdadera y propia familia en torno al Papa, con quien comparten el almuerzo y la cena, excepto en los casos en que Benedicto XVI tenga invitados.

La Asociación laical “Memores Domini” se constituyó en Milán en 1964, bajo la guía de don Luigi Giussani, por iniciativa de algunos laicos. A partir de 1968, los miembros advirtieron la exigencia de vivir en común y se constituyeron en Familias. La Asociación reúne a personas de la Fraternidad de Comunión y Liberación que siguen una vocación de entrega total a Dios viviendo en el mundo y practicando los consejos evangélicos asumidos como compromiso personal y privado, emitido bajo forma de propósito.

Los “Memores Domini” practican la vida en común y forman casas masculinas y femeninas donde se vive una regla de silencio, oración personal y comunitaria, de pobreza, obediencia y caridad fraterna.

Por Alfonso Bailly-Bailliére