Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Católicos

El grupo de atención a la homosexualidad que creará la Universidad de Notre Dame levanta dudas acerca de su ortodoxia doctrinal

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Una tradición de controversias con la jerarquía y con las enseñanzas de la Iglesia ha puesto en alerta a los expertos respecto de la decisión de la Universidad de Notre Dame de crear un grupo para atender los problemas homosexuales. Y eso que desde la dirección advierte que se enfocará desde una perspectiva auténticamente católica. Los precedentes no favorecen a un centro que declaró honoris causa a Obama en medio de una fuerte oposición

La crisis posconciliar encontró en EEUU un campo propicio. Afectó a casi todos los sectores y las universidades no quedaron exentas de las malas interpretaciones del "espíritu" del Vaticano II: teólogos heterodoxos, casos de pedofilia, pérdida de fieles e influencia. Por fortuna, Roma ha puesto coto a estas situaciones con una profunda depuración de las zonas infectadas y el último lustro ofrece señales para la esperanza.

Uno de los centros universitarios católicos con más prestigio, Notre Dame, se sitúa en el estado de Indiana. Allí ha saltado la noticia de que se promoverá un grupo de atención a los problemas homosexuales, supuestamente desde una perspectiva creyente. Algo de lo que dudan los expertos en vista de los precedentes, ya que este hecho no supone el primer hito en el camino errático que mantiene la institución perteneciente a la Congregación de la Santa Cruz, ya que en 2009 se concedió un doctorado 'honoris causa' al presidente Barack Obama, algo que medio centenar de obispos estadounidenses y más de 300000 ciudadanos rechazaron. En ese caso, el máximo dirigente, el padre John Jenkins, alegó que se debía a lo que representaba el demócrata y a su lucha contra la pobreza.

Un grupo de estudiantes que forman la Alianza por los Derechos Gays presionó a Jenkins para que oficializase dicha organización e introdujese la orientación sexual dentro de la protección legal del campus. Apoyados por la Alianza Progresista de Estudiantes, su reivindación pretendía dejar aparte aquellos temas que no concordasen con la doctrina de la Iglesia en este campo. Para atajar el problema, el mandatario optó por crear un grupo donde se preste ese servicio sin salirse de las coordenadas católicas.

En principio, tanto la comunidad universitaria como el obispo local han mostrado su apoyo a esta iniciativa. "Estoy seguro de que este enfoque multifacético y pastoral representa el siguiente paso en el avance de nuestros esfuerzos hacia esa aspiración de nuestros estudiantes GLBTQ (Gays, Lesbianas, Bisexuales, Transgéneros e Interrogatorio, por sus siglas en inglés)", dijo el Padre Jenkins en un comunicado de prensa. El prelado Rhodes, en cuya jurisdicción figura Notre Dame, cree que "hay una necesidad en las universidades católicas para la atención pastoral y apoyo a las personas con atracción al mismo sexo. Esto es lo que el Plan Pastoral está tratando de hacer ", aunque también apostilla que sus integrantes "están llamados a ser fieles al mensaje cristiano tal como se nos ha transmitido a través de la Iglesia. La neutralidad moral respecto de la homosexualidad "no sirve al bien último de los estudiantes".

Por si acaso, la dirección ha clarificado en el plan pastoral los detalles de esta iniciativa y su total consonancia con las enseñanzas eclesiales en cuanto al matrimonio, la castidad, la amistad y la sexualidad. También la delegación de alumnos ha manifestado que "ni condona ni apoya la actividad sexual fuera de la relación marital o de cualquier actividad sexual que cierre el acto sexual al don de la vida (Catecismo, 2357)". Y la Alianza por los Derechos Gays ha publicado que cesará su reivindicación de reconocimiento y cumplirá sus fines en la nueva organización.

La iniciativa ha levantado ampollas en algunas fundaciones relacionadas con Notre Dame. William Dempsey, presidente de la Fundación de antiguos alumnos Sycamore, dedicada a preservar la identidad católica de la universidad, ha alertado de que se han denegado propuestas anteriores de corte similar por su falta de adecuación a las enseñanzas de la Iglesia y de que no existe certeza de que Jenkins haya puesto algún tope a la nueva asociación en cuanto a respetar la doctrina en este punto. Por su parte, Patrick Reilly, presidente de la Sociedad Cardenal Newman, ha valorado como "impresionante" el intento de la dirección, pero ha reconocido que "el problema viene de los estudiantes que se dedican a este tema, tienen una carencia de la catequesis y la madurez moral". Otro matiz ofrece el profesor de la Facultad de Derecho, Gerard Bradley, encuentra motivos de preocupación: "Por ejemplo, el plan dice que Notre Dame afirma la enseñanza de la Iglesia, que distingue entre los actos homosexuales y la condición homosexual y que la condición en sí no es pecado. Pero el Plan en ninguna parte afirma la enseñanza de la Iglesia de que la condición es, en sí misma, objetivamente desordenada".

Desde su propia Congregación, Jenkins obtiene apoyo y aviso casi por igual. El padre William Miscamble, profesor de Historia en el centro, cree que "mucho dependerá de la aplicación del plan pastoral, pero parece que esta organización puede transformarse en un grupo de defensa de la promoción del estilo de vida homosexual". La contra viene del padre William Dailey, docente en Derecho y miembro del centro Ética y Cultura -asociado a la universidad-, quien opina que se trata de "un esfuerzo para atender pastoralmente a este grupo sin comprometer en modo alguno hermosas enseñanzas de nuestra Iglesia, especialmente en la castidad".

Eve Tushnet, escritor abiertamente homosexual y católico fiel, le tira un salvavidas a la iniciativa. "Creo que el enfoque de la amistad es tal vez más sorprendente y refrescante de lo que parece a aquellos que están fuera de estos debates. Si bien los jóvenes tienen preguntas acerca de la doctrina católica, no tienen un modelo a seguir para llevar una vida casta gay", ha expresado. Además, concluye que la soledad de vivir en silencio con una atracción hacia el mismo sexo crea una gran apertura para el pecado que puede conducir a conectar con el sexo opuesto para probar que "uno no es gay y, en su desesperación, dejar la Iglesia y caer en la deshonestidad".

“Somos
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