Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

Ouellet, un profundo conocedor de la Iglesia y de América

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El cardenal canadiense Marc Ouellet ha salido en muchos medios como el principal papable. Brilla por haberse convertido en uno de los mejores conocedores de la Iglesia, tanto por su experiencia como por su cargo actual. Tras su experiencia pastoral como sacerdote en Colombia y como obispo en Quebec, Benedicto XVI le confió un lugar fundamental en la Curia: prefecto de la Congregación para los Obispos. Por ello, ha lidiado con los problemas del clero mano a mano con el Papa y trabajará hasta última hora con él para determinar cinco nombramientos episcopales y un nuevo vicariato apostólico en Colombia, donde ha misionado como miembro de la Sociedad de sacerdotes de San Sulpicio.

Tres cosas suelen tenerse en cuenta a la hora de elegir Pontífice entre los cardenales del Sacro Colegio. Además de una visión espiritual presupuesta de antemano, se valora la experiencia pastoral, la altura intelectual para responder a los retos del siglo XXI y un cierto conocimiento de la Curia y de cómo funciona el aparato del Vaticano. Si hay un purpurado que responda por antonomasia a ese triduo, es el canadiense Marc Ouellet.

Familia numerosa, afición al deporte y conversión a lo San Ignacio

El 8 de junio de 1944, en el pueblecito de La Motte, nacía en una familia de ocho hermanos "creyente pero no devota", según ha señalado hace poco. Su padre Pierre, de formación autodidacta y director de la junta escolar, le inculcó la capacidad de valerse por sí mismo y de tomar sus propias decisiones. Aunque eso se volviese cual boomerang contra él. El joven Marc no era precisamente el intelectual de la clase. Jugaba al hockey hielo -deporte nacional del país del arce-, pescaba y cazaba perdices y completaba su ejercicio como bombero ocasional durante los veranos. Pero una lesión con el stick a los 17 abriles le condujo a unos meses de reposo en los que profundizó en su gusto por la lectura.

Casi en una repetición de lo que ocurrió en San Ignacio de Loyola con las vidas de santos o en Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) con la Vida de Santa Teresa de Jesús, los escritos de Santa Teresita de Lisieux le transformaron. Empezó a buscar el sentido de su existencia. De ahí a comunicarle a Pierre que quería iniciar estudios sacerdotales solo quedaba un paso. A su progenitor no le agradaba la idea, pero tuvo que ceder ante la insistencia filial.

Ordenación, entrada en una sociedad sacerdotal, docencia y misión

Apenas una semana antes de cumplir veinticuatro años, recibió el presbiterado en la misma Iglesia de la Luz donde había acolitado de pequeño. Ya había tomado contacto y entró a formar parte de la Sociedad sacerdotal de San Sulpicio, cuyo carisma reside en la formación del clero. Esta sociedad de vida apostólica de derecho pontificio fundada por Jean Jacques Olier en el siglo XVII le destinó a Suramérica en 1970, primera de un cierto número de veces que ha presenciado de primera mano el devenir de la Iglesia hispanoamericana.

Allí dio clase en el seminario mayor de Bogotá durante un bienio. Durante la década de los setenta, imparte lección en otras ciudades colombianas, como Manizales (de cuyo seminario fue rector durante un lustro a mediados de los ochenta) o Cali, y percibe la realidad misionera, algo que dejará una huella indeleble en él hasta el punto de aprovechar visitas a la región, ya como cardenal, para volver a la selva o a sus antiguas aulas.

Combinó esa tarea docente con la continuación de sus estudios en Roma. Se licenció en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás en 1976 y se doctoró en Teología Dogmática por la Gregoriana en 1982. De su aportación intelectual da buena razón su colaboración en la revista Communio, en cuya aparición tuvo mucho que ver Benedicto XVI.

Obispo y primado casi a la vez

En 2003, Juan Pablo II vio que había llegado el momento de concederle mayores responsabilidades y le ordenó obispo a la vez que le traía a la Curia para nombrarle secretario del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos. Apenas año y medio antes de volver a Canadá, esta vez como arzobispo de Quebec. Esta constituía su gran prueba pastoral, pues esta sede posee el primado y su voz se oye desde Vancouver hasta Halifax.

Y no se anduvo con chiquitas. Protagonizó hechos tan mediáticos como elocuentes; un ejemplo, la petición de perdón por los pecados pasados que se hubieran cometido en la diócesis o el apoyo al boicot de los padres a una asignatura muy similar a Educación para la Ciudadanía que se intentó imponer en el estado.

Se ha enfrentado siempre a los problemas de la civilización europea en materia de fe con valentía, afirmando que la Iglesia sufre persecución por decir la verdad, que no hay espacio para la aprobación del aborto o que no se debe interpretar el Concilio Vaticano II en un sentido de ruptura con lo anterior. De esta etapa mantiene una gran relación con un español, nuncio allí por entonces: Pedro Quintana.

El Sacro Colegio y un encargo complejo

Seis meses después de recibir el báculo y la mitra, Juan Pablo II le concedió la birreta cardenalicia en el Consistorio de octubre de 2003. Y esa confianza con la Santa Sede ha proseguido con el tiempo. Quebec albergó el Congreso Internacional Eucarístico en 2008 (en 2012 ha asistido como legado al de Dublín) y ese mismo año fue relator general de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de Obispos celebrado en Roma.

En 2010, Benedicto XVI le designó para un servicio enormemente importante: la Prefectura de la Congregación para los Obispos. A la par, le nominó cabeza de la Pontificia Comisión para América Latina, dependiente de aquella y específicamente enfocada en el ámbito latinoamericano. Según han contado, su amistad con el Papa alemán y su meticulosidad han generado unos nombramientos episcopales bastante cuidadosos y un intento de limpiar cualquier rastro de asociación con la pedofilia o declaraciones contra la doctrina. Algo que no obsta para que el Santo Padre le haya modificado alguna terna de vez en cuando.

Virtudes útiles

Ha acumulado y potenciado dones humanos que le han granjeado la simpatía general. Emplea con fluidez seis idiomas: francés, inglés, español, portugués, italiano y alemán. Además, quien le conoce le define como alguien sociable y capaz de empatizar incluso con quien no comulga con sus ideas. Pese a su cargo y su labor curial, no ha perdido cercanía con los fieles, producto de su contacto directo en su etapa en Colombia.

En su momento, hizo gala de humildad y de cierto realismo al ser preguntado por una posible nominación como sucesor de Pedro. "Sería una pesadilla", comentó ante tanta responsabilidad. Contundente y trabajador, aceleró una lista de atrasos pendientes cuando llegó a la prefectura encargada de los obispos. Sin duda, un valor en alza.

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