Miércoles 16/08/2017. Actualizado 16:52h

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Vaticano

Angelo Scola, el más italiano de los cardenales italianos

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En la horquilla de italianos que los medios barajan en cuanto a suceder a Benedicto XVI, uno de los más veteranos es el cardenal Ángelo Scola. Su experiencia pastoral le ha llevado a dos de las plazas más emblemáticas del catolicismo transalpino: Venecia y Milán. Afecto al movimiento Comunión y Liberación, su perfil intelectual y su fidelidad doctrinal son sus mejores avales, aunque su edad podría jugar en contra si se busca un pontificado largo. Acostumbrado a superar incomprensiones, como los que le acusaron de suntuosidad excesiva tras su llegada a su actual sede, mantiene la tradición en lo fundamental pero también está abierto a innovar, como en sus conversaciones con el mundo musulmán o su presencia en redes sociales.

Uno de los términos más repetidos en Roma en estos días es el de 'fidelidad creativa'. Se refiere a aquel carácter que se muestra fiel a la doctrina de la Iglesia, pero que huye de fórmulas viejas y manidas cuando no consiguen el efecto deseado. Aunque se encuadra generalmente a varios de los cardenales estadounidenses, también Ángelo Scola pertenece a esta corriente. Y eso que cuenta con 72 años, una edad a caballo entre la generación de Benedicto XVI y la nueva hornada de prelados nombrados por el Pontífice alemán, algo que no le ha impedido ejercer de puente entre ambas, tanto en Italia como en el conjunto eclesial.

Orígenes humildes

Corría el año 1941, concretamente un 7 de noviembre, cuando llegaba al mundo el pequeño Ángelo, en una localidad, Malgrate, muy próxima a Milán, y en una familia de extracción social baja. Algo que, contra lo que se pudiese pensar, siempre ha reivindicado orgullosamente. De padre conductor de camiones y madre ama de casa, el suyo era un hogar pequeño: tan solo tuvo un hermano, Pietro, que murió hace tres décadas.

Estudia filosofía en la Universidad Católica Sacro Cuore de Milán, donde se doctora en 1967 especializándose en filosofía cristiana. Durante un tiempo, preside la Federación Universitaria Católica Italiana, parte de la Acción Católica. Ingresa en el seminario, primero en Saronno y luego en Vennegono. Un hombre con decisión: quiso ordenarse antes de tiempo, no se le permitió y cambió de seminario para acortar los plazos. Recibe el sacerdocio en 1970 en la costa adriática, en la pequeña diócesis de Teramo-Atri.

Estancias en el extranjero

Para completar sus estudios de Teología, viaja a finales de los setenta a la ciudad suiza de Friburgo, donde se doctora con una disertación que versa sobre Santo Tomás de Aquino. Se convierte en discípulo de Urs von Balthasar, uno de los teólogos más relevantes del Concilio Vaticano II y acerca de cuyo estilo ha publicado Scola un libro. Junto a intelectuales católicos de la talla del propio von Balthasar, De Lubac o el mismísimo Ratzinger, edita Communio, la revista que predica los aportes del Concilio Vaticano II en línea con el magisterio eclesial -contra las desviaciones de Concilium-.

Combina presencias en Italia con viajes a otros países europeos. Desde 1982, enseña Antropología filosófica (la piedra fundamental de su estudio; posee una colección de dos tomos fundamentales en los que profundiza en el tema) en el Pontificio Instituto para el Matrimonio y la Familia, del cual más tarde será deán. También se dirige a Mónaco y París para estancias de investigación.

Cercanía a Comunión y Liberación

Scola, como otros miembros del Colegio, posee una afinidad especial con uno de los nuevos movimientos nacidos en la década de los cincuenta y potenciados a raíz del Concilio Vaticano II y la importancia de la colaboración de los laicos: Comunión y Liberación. Esta fundación de Luigi Giussiani, amigo personal de nuestro protagonista, incide especialmente en el testimonio cristiano en los campos de la cultura, el arte y la música.

Desde los años 70, el futuro cardenal mantuvo una relación institucional con CL: dirigió el Instituto de Estudios para la Transición de Milán y fue miembro del comité ejecutivo de la edición italiana de Communio hasta los años noventa. Ha escrito un libro acerca de Giussiani y sus demás volúmenes los ha editado Encuentro, firma ligada a dicho movimiento.

Obispo y rector

Su primera sede, Grosseto, figura en el centro de la península italiana. Recibió el orden episcopal en 1991, tomando como lema "Tu Gracia es suficiente". Reabrió el seminario diocesano, prestó atención a niños y jóvenes, abrió una misión diocesana en Bolivia y tomó contacto con la pastoral social en una zona castigada por el desempleo.

Abandonó el cargo para hacerse cargo de la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Allí comenzó a distinguirse como un hombre afable y de trato cercano, capaz de llegar a las más altas instancias y a los más necesitados. Entra en la Congregación del Clero y en la de Trabajadores de la Salud, a los que dedica varios textos. Ahonda en la necesidad de los laicos de recibir formación teológica.

El Patriarcado de la ciudad de los canales y el capelo cardenalicio

El 5 de enero de 2002, Juan Pablo II le designa patriarca de Venecia, una sede de tradicional importancia en Italia y asociada al cardenalato. Tanto es así que solo año y medio después, el Papa polaco le incluye en el nuevo Consistorio de 2003, uno de los más numerosos (26 con derecho a voto y 4 mayores de ochenta). Se empieza a aficionar a Internet y aparece en la web diocesana llegando en góndola a la basílica de San Marcos.

Definió como "innovación radical" la propuesta del Vaticano de una reforma del sistema económico a través de la encíclica Caritas in Veritate. De esta época datan declaraciones clave acerca de la libertad religiosa o la situación de los cristianos en la vida pública. Visitó Kosovo en plena efervescencia contra Serbia para llamar a la paz y la concordia y siempre se ha distinguido por el respeto al otro pese a la diversidad.

Milán, un reto

Recibió críticas tras su nombramiento como arzobispo de Milán el 28 de junio de 2011. Sirva como ejemplo una firmada por el llamado 'cura rojo' de Génova, Paolo Farinella: "Qué pena ver las fotos de Scola brillando con sus puños dorados, con su reloj de oro, con su crucifijo de oro, con su manto rojo púrpura y su sombrero de tres picos, rigurosamente rojo. Me pregunto si alguien vestido así podría entrar en el cenáculo o pegaría mejor en la corte de Nabucodonosor, entre los sátrapas y los eunucos de corte". Pero su gobierno está resultando enormemente positivo.

Una vuelta a sus orígenes, tanto por nacimiento como por proximidad a una de las bases de Comunión y Liberación. Una sede referencial, que ha contado con pastores de la talla de San Ambrosio, San Carlos Borromeo o los papas Pío X, Pío XI, Juan XXIII y Pablo VI. Un verdadero semillero de sucesores de San Pedro. En este corto período, apenas un bienio, el cardenal ha entrado a formar parte de los Consejos pontificios de la Cultura, las Iglesias Orientales y de la Nueva Evangelización y ha recibido el doctorado 'honoris causa' de la Universidad Católica de Lublin, en Polonia.

Tocar todos los palos

A Scola no se le considera precisamente un inmovilista. Entre sus aportaciones más originales destaca la revista Oasis, dedicada al diálogo interreligioso con los musulmanes. "Los retos del multiculturalismo" va en la senda de una sociedad europea más cosmopolita, así como de la convivencia entre los poderes civiles y los religiosos ("Hacia una sana laicidad"), tema que ha trabajado mucho Benedicto XVI.

Se reafirma en la doctrina eclesial sobre moral sexual aprovechando el caudal de la teología del cuerpo de Juan Pablo II (La cuestión decisiva del amor: hombre-mujer") y defiende la cultura de la vida ("¿Qué es la vida? La bioética a debate"). Activo en redes sociales -usa Twitter con bastante regularidad-, posee cualidades organizativas; lo demostró en la Jornada Mundial de la Familia que albergó Milán en 2009. Como curiosidad, es académico correspondiente extranjero de la Real Academia de Doctores de España.

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