Lunes 25/09/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Obispos y elecciones

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Este próximo miércoles día 19 de octubre se reunirá la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal previa a las elecciones del 20 de Noviembre, víspera de la Asamblea Plenaria de los obispos de otoño. Una asamblea que se celebrará, es de esperar demoscópicamente, con un nuevo gobierno y con anunciados distintos colores políticos.

Como viene siendo habitual, la costumbre hace comunicado y los obispos de la Permanente dedicarán algo de su tiempo a elaborar una nota invitando a los fieles a ejercer el noble derecho de participación democrática mediante el voto en conciencia, al tiempo que ofrecerán una serie de criterios en orden a conformar la conciencia rectamente entendida. Si no fuera así, se trasladaría la pelota a uno de los próximos Ejecutivos. Al margen de otras cuestiones como el orden de cada día de la Plenaria, el Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal, aún pendiente, y la novedad el Año de la Fe, genial iniciativa del Papa, los medios de comunicación volcarán sus focos en saber probablemente no tanto lo que dicen literalmente los obispos, sino lo que han querido decir. Porque ahora el decir es querer decir a quien quiera escuchar, más que otra cosa.

No es previsible que la Nota contenga doctrinas novedosísimas sobre los principios de Doctrina Social de la Iglesia aplicables al presente. Tampoco lo es que descienda del Olimpo de las generales de la ley hacia el discernimiento moral de los programas electorales y de algunas propuestas, por más descabelladas que éstas sean. Será, al fin y al cabo, una invitación a conformar el juicio y el acto moral del voto con conciencia recta y con criterios adecuados.

Como en la anterior Nota de 2008, un texto, leído ahora, de plena vigencia y difícilmente superable, es previsible que no falten los puntos esenciales de contexto que justifican esta intervención de naturaleza moral. Aquí se plantea la cuestión de como "estimular", como se dice en la anterior, para que los ciudadanos vayan a votar responsablemente. No debemos olvidar que según los augures de la mercadotecnia política habrá una gran bolsa de abstencionismo de los tradicionales votantes socialistas, que pueden dejar de serlo inclinándose hacia formaciones más de izquierdas, más radicales de izquierdas, se podría decir. Lo que no se puede negar es que ya sabemos lo que da de sí el PSOE en cuestiones antropológicas, y lo que se podría esperar de una vuelta más de tuerca en este sentido. Otra cuestión es qué capacidad tendrá, o querrá tener el PP, para dar marcha atrás intentando que parezca una marcha hacia delante en estas peliagudas políticas y legislaciones llamadas sociales.

La denominada en sociología "subida al carro de vencedor" no es la ley que rige la oportunidad de la intervención episcopal, por más que algunos comiencen con el mantra de los obispos y su apoyo al cambio, o lo que es peor, a la derecha. Ni palmaditas a Rajoy, ni despedidas a Rubalcaba. Bien común, que lo de todos en todo. Habrá que analizar detenidamente la reacción de Rubalcaba y los suyos, y la respuesta mediática a lo que digan los obispos, a corto y a medio plazo. Si Rubalcaba se niega a traspasar las líneas de la propuesta de la reforma de los Acuerdos Iglesia-Estado por algo será.

Lo que parece ser indiscutible, en el análisis teórico, es la afirmación del principio de que "si bien es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública (n. 50)" (30.I.2008). Y ahí comenzará la tradicional enumeración de una serie de temas que son especialmente sensibles en este momento, y que previsiblemente no olvidarán la educación, también para la ciudadanía, el matrimonio y la familia, la defensa de la vida desde el inicio de su concepción hasta su fin natural. No es menos relevante la cuestión de la libertad, en especial, la libertad de conciencia. Otra materia peliaguda es el terrorismo y el paso siguiente a y de ETA. Obligada referencia a la cuestión de la crisis económica y la situación y estado de pobreza en la que estamos inmersos, a los principios de solidaridad y subsidiaridad.

En fin, que habrá un poco de luz, y de esperanza, que ilumine las tinieblas. Confianza en los españoles y en el espíritu post JMJ para los tiempos, que no son ni nuevos, ni viejos. Como decía san Agustín, nosotros somos nuestros tiempos.

José Francisco Serrano Oceja

pserrano@planalfa.es

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