Lunes 05/12/2016. Actualizado 01:00h

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Isabel II se siente cercana a los anglicanos que ingresarán en la Iglesia católica

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Hace pocos días, 'The Sunday Telegraph' desveló la simpatía y comprensión que su Majestad ha expresado hacia la Comunidad Tradicional Anglicana, la rama escindida en 1991, a los que la Santa Sede ha abierto las puertas para integrarse en la Iglesia católica. Según el mismo diario, la soberana inglesa, ha dispuesto una cálida acogida para Benedicto XVI en su próxima visita al Reino Unido, prevista para septiembre de 2010, a quien quiere recibir en Buckingham Palace.

La visita de Benedicto XVI está prevista para el año que viene, probablemente coincidiendo con la beatificación del cardenal John Henry Newman en Birmingham, a quien el Papa tiene un especial cariño y admiración. Según 'The Catholic Herald la visita incluiría Londres, Edimburgo y Oxford.

En los últimos años, la Iglesia católica ha recuperado gran parte del protagonismo perdido desde la ruptura con Roma del Rey Enrique VIII en 1534, y la creación de la Iglesia de Inglaterra.

El primer paso de acercamiento de relaciones Roma con el Reino Unido se produjo en 1982, año en el que Juan Pablo II realizó el primer viaje de un Pontífice al país desde la Reforma. En aquel viaje el Papa visitó Canterbury, Edimburgo, Glasgow y Cardiff, y celebró misa en el estadio de Wembley.

Otro reciente gesto histórico fue el nombramiento del católico Francis Campbell como embajador del Reino Unido ante la Santa Sede. A él se le atribuye gran parte de la aceptación por parte del Papa de visitar el país en 2010. A su buena gestión se suman las invitaciones realizadas por el ex primer ministro Tony Blair, en 2006 y 2007, y la realizada en febrero de este año por el actual primer ministro, Gordon Brown.

En marzo de este año, los católicos volvieron a ser noticia tras la propuesta del primer ministro británico, Gordon Brown, de derogar la ley que prohíbe subir al trono de Inglaterra a un católico o a un miembro de la familia real casado con un católico. La ley en vigor, aprobada por el Parlamento en 1701, en una época de fuertes disputas religiosas, establece que ningún soberano británico "profesará la religión del Papa ni se casará con un papista".

La modificación histórica requeriría en primer lugar la aprobación de la Reina de Inglaterra, para lo cual, según fuentes cercanas a Buckingham Palace, ella estaría bien dispuesta, por suponer acabar con una discriminación histórica.