Viernes 09/12/2016. Actualizado 01:00h

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Descubren en un ojo de la Virgen de Coromoto los rasgos de un ojo humano, y el reflejo de una figura humana

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Tras la restauración de la Virgen de Coromoto, la Conferencia Episcopal Venezolana ha presentado sorprendentes hallazgos. Al estudiar con microscopio el ojo izquierdo de la imagen, se ha descubierto que tiene las características de un ojo humano: se distingue el globo ocular, el conducto lacrimal, el iris y un pequeño punto de luz.

 

Este descubrimiento ha sorprendido a los restauradores, pues se pensaba que los ojos de la pequeña imagen -2,5 cm de alto por 2 cm de ancho- eran simples puntos. Otro hecho que ha llamado la atención de los especialistas es que al analizar el agua empleada en el tratamiento, el pH resultó ser neutro, hecho inexplicable.

 

Pero no acaban ahí los hallazgos: ampliando el punto de luz del ojo de la imagen, los especialistas han podido ver lo que parece el reflejo de una figura humana con unas características muy específicas. Tanto el rector de la Basílica de Coromoto como los obispos que han podido ver la imagen restaurada, afirman que se trata del cacique Coromoto, a quien se apareció la Virgen. Sería algo parecido a la imagen de la Virgen de Guadalupe: en sus ojos se ve reflejado al indio Juan Diego.

 

Según la tradición, entre finales de 1651 y principios de 1652, una Bella Señora se apareció al cacique de la tribu Coromoto y a su esposa indicándoles: “Vayan a casa de los blancos, para que les echen el agua en la cabeza y así poder ir al cielo”. Muchos indios atendieron su petición, salieron de la selva y, tras recibir las enseñanzas del Evangelio, se bautizaron.

Sin embargo, el cacique, al creer que había perdido la libertad, decidió huir nuevamente a la selva. El 8 de septiembre de 1652, la Bella Señora se apareció de nuevo al cacique junto a su esposa, su cuñada y el hijo de ésta. El cacique pidió que le dejara en paz. Se levantó para tomar el arco y matarla, pero Ella se acercó para abrazarlo, cayéndosele sus armas. El cacique tomó por un brazo a la Señora para sacarla de la choza; pero la Bella Señora desapareció, dejando en la mano del cacique su diminuta imagen (mide 2,5 cm de alto por 2 cm de ancho). La corona de la Virgen y el Niño son típicamente indígenas.

A partir de ese momento, comienza una historia de favores y milagros, devoción y renovación de la fe en Venezuela, de la mano de la Virgen de Coromoto. Hasta que en 1942 fue exaltada con el título de Patrona de Venezuela.