Jueves 24/08/2017. Actualizado 01:00h

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En voz baja

Centenares de millones de TV's, 24 horas al día, sin descanso, con los más poderosos y con los más desvalidos...

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Fue una semana completa, sin descanso para el papa Francisco. Discursos en algunos de los lugares más importantes del mundo, y a la vez, encuentros con los más pobres, con los más desvalidos, con los más necesitados.

El impacto que produjo el Papa en Estados Unidos es muy significativo. No es que haya despertado una ola de conversiones masivas. No, no es el caso. Pero su blanca vestimenta y su rostro transparente inundaron tozudamente las pantallas de centenares de millones de televisores en este país las 24 horas del día, en casas de familia, en restaurantes y hoteles, en estaciones de servicio y salones de peinado, en aviones y aeropuertos. El efecto Francisco penetró la médula de un país en el que sólo un cuarto de su población es católica, y donde se desatara el más grande escándalo de abusos sexuales por parte de sacerdotes, que se tenga conocimiento en la historia de la Iglesia.

Su tono suave, su mirada sincera, su discurso integrador, su actitud humilde, su disponibilidad constante, sus demandas respetuosas y claras, calaron el alma de muchos de los consuetudinarios detractores de la Iglesia en Estados Unidos. Es que les hizo deponer las armas. Les dejó sin excusas. Les arrebató, con bondad y contundencia, todos sus argumentos.

No es que hoy la Iglesia haya llegado a un “punto ideal” (si es que éste existiera) de conversión personal y de compromiso solidario con el hermano, con el mundo, aunque sin duda hacia esa meta se dirige. Los críticos de la Iglesia lo eran contra su doctrina, por sus fallas, o por lo que fuera, bueno o malo, y el Papa solía ser el blanco predilecto de las granadas arrojadas por los medios de comunicación, en gran parte generadores de pensamiento masivo.

El papa Francisco logró que los medios en Estados Unidos y los internacionales, y por lo tanto, gran parte de la opinión pública mundial, perciban a la Iglesia desde otra perspectiva.

No en último lugar en razón de su humildad y simplicidad, llega a ser él el importante, el referente, el ejemplo a seguir para muchos católicos y no católicos. “Usted sacude nuestras conciencias”, le dijo conmovido Barack Obama al Papa el miércoles pasado en la Casa Blanca, luego de repasar públicamente varias de sus virtudes.

Siendo que su figura impacta fuertemente en el corazón de multitudes, siendo que su personalidad atrae incluso a rebeldes, siendo que su austeridad e ideas consistentes marcan caminos globales, hoy Francisco se ha tornado en el subconsciente de muchos en la imagen de la Iglesia.

Siempre el Papa ha sido la imagen visible de la Iglesia, pero hoy, como nunca, se produce una profunda integración afectiva y racional entre dos conceptos: Francisco e Iglesia. “Francisco es la Iglesia.” Y si este es el caso, ya no es imperativo defenestrar a la institución.

La idea que queda entre la gente que no está de acuerdo con algunos o varios puntos esenciales de la Iglesia es: "Si Francisco nos tiende la mano, si surge como guía en las naciones, si sus palabras son sustentadas por un ejemplo radical de vida, pues entonces queremos unirnos a sus ideales y valores, porque apuntan al bien común y no excluyen los nuestros". Éste pareciera ser el proceso que va transformando el modo de percibir a la Iglesia por parte de los medios estadounidenses, y sin duda también de los internacionales, y por lo tanto, de una parte importante de la humanidad.


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