Martes 17/10/2017. Actualizado 01:00h

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Crónica de Roma

Perfil del nuevo secretario de la Congregación de Obispos

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Benedicto XVI ha nombrado al italiano Lorenzo Baldisseri como nuevo secretario de la Congregación de Obispos. Nació en Pisa hace 71 años y desde hace 20 es parte del cuerpo diplomático de la Santa Sede.

Baldisseri fue ordenado sacerdote en 1969 y obispo en 1992. En ese mismo año Juan Pablo II le da su primer encargo como nuncio de la Santa Sede en Haití, un encargo difícil porque es testigo de la guerra civil. Tres años más tarde es nombrado nuncio en Paraguay y en 1999 le encomiendan la nunciatura de India y Nepal. El 12 de noviembre de 2002 Juan Pablo II le encarga la nunciatura de Brasil, encargo que ha mantenido hasta la fecha.

El nombre de Baldisseri sonaba en los pasillos vaticanos desde hace meses. Primero parecía que sería nombrado nuncio en Washington. Después, en septiembre, se pensaba que podía ser nombrado nuncio en Italia, sustituyendo al arzobispo Guiseppe Bertello que a su vez había sido nombrado Gobernador de la Ciudad del Vaticano. Al final ha sido nombrado número dos del probablemente segundo dicasterio vaticano más importante después de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

Monseñor Baldisseri sustituye en el cargo a otro italiano que al igual que Bertello será nombrado cardenal el 18 de febrero. Se trata del portugués Manuel Monteiro de Castro que ocupa desde el 5 de enro el cargo de Penitenciario Mayor. Baldisseri, como Monteiro de Castro, es mayor que el prefecto de la congregación, el cardenal canadiense Marc Ouellet, que tiene 67 años.

El nuevo número dos de obispos habla 5 idiomas y es muy apreciado en Vaticano. Durante su permanencia en Brasil consiguió lo que la Iglesia no había conseguido en 120 años. Baldisseri fue el artífice del concordato entre la Santa Sede y el país con el mayor número de católicos en el mundo. Gracias al concordato firmado en 2008 por el entonces presidente Lula da Silva, se reconocía la persona jurídica de la Iglesia. Un acuerdo muy importante que reglamenta entre otras cosas la enseñanza de la religión en las escuelas públicas o la destinación de áreas de culto en los planes urbanísticos y que permite gozar a la Iglesia de beneficios fiscales al mismo nivel que otras instituciones filantrópicas. Una negociación complicada porque afectaba a 11 ministerios y más si se considera que tenía delante un gobierno socialista.

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