Miércoles 23/08/2017. Actualizado 21:19h

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Crónica de Roma

Directrices para tratar los casos de abusos de menores por parte de miembros del clero

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La Congregación para la Doctrina de la Fe ha pedido a todas las Conferencias Episcopales del mundo que preparen para mayo de 2012 unas “Líneas guía” para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de miembros del clero, de manera apropiada a las situaciones específicas en las diferentes regiones del mundo.

Con una “Carta circular”, el dicasterio vaticano ofrece una amplia serie de principios e indicaciones para facilitar la formulación de directrices, respetando las competencias de los obispos y de los superiores religiosos.

La atención prioritaria a las víctimas, los programas de prevención, la formación de los seminaristas y la formación permanente del clero, la cooperación con las autoridades civiles, la aplicación atenta y rigurosa de la normativa canónica más actualizada en esta materia son las orientaciones principales que deben constituir las Directrices en todo el mundo.

La preparación del documento fue anunciada en julio del año pasado, con ocasión de la publicación de las nuevas normas de actuación del Motu proprio “Sacramentorum sanctitatis tutela” (Abusos contra menores. La respuesta de la Iglesia).

La CDF da dos indicaciones operativas para la redacción de las nuevas Líneas guía o para la revisión de las ya existentes: implicar a los Superiores Mayores de los institutos religiosos clericales (para que se tenga en cuenta no solo al clero diocesano, sino también al religioso), y después, enviar copia de las Líneas guía a la Congregación antes de finales de mayo de 2012.

Por lo que respecta a la cooperación con las autoridades civiles en el ámbito de sus respectivas competencias, se señala que debería darse no sólo en los casos de abusos por parte del clero, sino también del personal que trabaje en estructuras eclesiásticas.

También se recuerdan las prescripciones actualmente vigentes de la legislación canónica tras la actualización de 2010. Se habla de las medidas cautelares que hay que imponer y de la información que debe darse al acusado durante la investigación preliminar. Se recuerdan las medidas canónicas y las penas eclesiásticas que se pueden aplicar a los culpables, incluida la dimisión del estado clerical.

La tercera y última parte de la Carta circular enumera una serie de observaciones útiles para formular las orientaciones operativas concretas para los Obispos y Superiores mayores. Entre otras cosas, subraya la necesidad de ofrecer asistencia a las víctimas; de tratar con respeto al denunciante y asegurar la privacidad y la reputación de las personas; tener debidamente en cuenta las leyes civiles del país, incluyendo la eventual obligación de avisar a las autoridades civiles; y excluir el regreso del clérigo al ministerio público, en caso de peligro para los menores o de escándalo para la comunidad. Una vez más, se reitera la responsabilidad primordial de los obispos y superiores mayores, que no puede ser sustituida por órganos de control o discernimiento, a pesar de ser útiles o necesarios para sostener esta responsabilidad.

La circular supone un paso muy importante para promover en toda la Iglesia la conciencia de la necesidad y de la urgencia de responder de manera más eficaz a los casos de abusos sexuales por parte de miembros del clero, renovando la plena credibilidad del testimonio y de la misión educativa de la Iglesia, y contribuyendo a crear en la sociedad ambientes educativos seguros, de los que existe una necesidad urgente.

 

Alfonso Bailly-Bailliére

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