Martes 19/09/2017. Actualizado 16:50h

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Católicos

“Hay una sed de trascendencia en los que se creen las profecías sobre el fin del mundo”. Luis Santamaría, experto en sectas, explica este fenómeno que rodea el cónclave

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El fin del mundo se acerca si los cardenales eligen un Papa negro o si el próximo pontífice osa llamarse Pedro o se le encuentra vinculación alguna con la expresión "Petrus Romanus". Con cada cónclave, como con cada cambio de siglo, aparecen las más esotéricas versiones de profecías que supuestamente dan fecha al fin del mundo. Para el sacerdote Luis Santamaría, experto en sectas y movimientos New Age, el interés que suscitan, más allá del simple morbo, muestra una búsqueda de la trascendencia, pero en el lugar equivocado.

A las pocas horas de conocerse la renuncia de Benedicto XVI, las casas de apuestas británicas ya tenían su candidato favorito, el cardenal Turkson, ghanés, con un perfil adecuado para el pontificado y una peculiaridad: es negro. Una de las muchas interpretaciones de las famosas profecías de Nostradamus sitúa el final del mundo en el momento en el que la sede de San Pedro esté ocupada por un Papa negro.

Y es que la sociedad, más aún en tiempos de crisis, busca ansiosa algún sentido de trascendencia. Así interpreta Luis Santamaría, experto en sectas y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas, ese inusitado interés que despiertan teorías milenaristas como la que, basada en unas inscripciones mayas, predecía el fin del mundo para el 21 de diciembre del año anterior. "Hay una sed de trascendencia en los que creen las profecías sobre el fin del mundo", explica Santamaría a Religión Confidencial, que explica cómo la sociedad queda satisfecha fácilmente "por este esoterismo morboso".

De hecho, para Santamaría la cuestión es cómo es posible que una parte de la sociedad admita, por ejemplo, el final del mundo maya y, cuando se ha demostrado el error, "cambie de continente y de cosmovisión" para creer, por ejemplo, la supuesta profecía de san Malaquías.

Sin embargo, puede extraerse algo positivo de esta curiosidad morbosa de muchos: puede ser una puerta abierta a la formación de personas que no tenían contacto alguno con la vida de fe. Santamaría explica que hablar de san Malaquías y derrocar con argumentos racionales su profecía, le da pie para "hablar de ese santo para explicar la identidad del papado o como se establecen las formas de gobierno". Así, alrededor de la profecía del 21 de diciembre se gestó tal grado de conmoción, que a la jerarquía católica en Hispanoamérica le permitió explicar ampliamente diversas cuestiones relacionadas con el fin del mundo.

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