Domingo 20/08/2017. Actualizado 01:00h

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Católicos

El escándalo de las lavanderías Magdalena, que afecta a varias congregaciones religiosas, llegará al Parlamento irlandés en un par de semanas

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En Irlanda, la Iglesia está cerrando una etapa de dolor. Y parece que este no cesará hasta que la herida quede totalmente limpia. Tras los casos de pedofilia ante los que se reaccionó más tarde lo deseable, ahora otro escándalo afecta al país. Hasta el punto de que el primer ministro, Enda Kenny, ha salido a dar explicaciones. Se trata de unas lavanderías llevadas por cuatro congregaciones religiosas en las que se empleaba a mujeres con diversas dificultades. Al parecer, las condiciones de vida se acercaban en algunos puntos a una verdadera esclavitud. El tema se tratará en el Parlamento en dos semanas.

Desde finales del siglo XVIII, se fundaron en la República de la Irlanda una serie de casas para acoger a mujeres en situaciones de dificultad: solteras, prostitutas, protestantes, con problemas de aprendizaje, provenientes de la cárcel o víctimas de abusos. Se pretendía darles un trabajo estable y protección, además de rehabilitarlas religiosamente. El primero de estos 'asilos' iniciado por católicos data de 1809 en la ciudad de Cork.

Las lavanderías de los asilos de las Magdalenas, uno de los modos de emplear a estas chicas, comenzaron en 1922 y finalizaron en 1996. Un total de diez, regidas por las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad, la Congregación de las Hermanas de la Misericordia, las Hermanas Religiosas de la Caridad y las Hermanas del Buen Pastor. Importantes instituciones del país les concedieron contratos, en la fe de que realizaban una labor positiva y que cuidaban a quien lo necesitaba.

Se dieron a conocer detalles de algo que ya se intuía por algunos testimonios tras la petición del Comité de la ONU contra la tortura: se cometieron abusos en estas casas. Desde no pagarles un sueldo hasta tener recluidas a las mujeres de por vida, pues cumplían allí una especie de penitencia. Las acusaciones más graves alcanzan el maltrato psicológico, físico y sexual, aunque el informe oficial dice que no se han encontrado pruebas al respecto.

Más de 14000 pasaron por las lavanderías, aunque se sabe que algunas salieron -la estancia media fue de siete meses- y volvieron a entrar al reincidir en algún problema civil. La Asociación de víctimas ha pedido una fuerte restitución económica. Por lo pronto, Enda Kelly, primer ministro irlandés, pidió disculpas de modo informal en nombre del Estado por el estigma y las duras condiciones que sufrieron las 'lavanderas', aunque también quiso exponer que eran tiempos difíciles y distintos. Más de una cuarta parte fueron enviadas por autoridades estatales.

"La gran mayoría de las mujeres que se dedican a la comisión habló del profundo dolor que sentían por la pérdida de su libertad, no se les informó por qué estaban allí, que no tenía información sobre cuándo podrían salir y se les negó el contacto con el mundo exterior, incluyendo su familia y amigos", cuenta el informe. Pese a las acusaciones, todas las partes implicadas, congregaciones religiosas incluidas, han mostrado su disposición a colaborar y a recabar los documentos pertinentes.

Este puede ser uno de los últimos capítulos de una etapa de la historia irlandesa en que la Iglesia, con una posición predominante en esa sociedad durante siglos, se ha mostrado poco vigilante sobre sus propios errores, algo que le ha costado profundas críticas y cierta pérdida de credibilidad. Aunque esas ramas que caen se ven reemplazadas por brotes verdes, de una juventud de firmes valores que está plantando cara a los ataques contra la vida.

“Somos
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