Domingo 04/12/2016. Actualizado 01:00h

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Católicos

Rouco: "Es demasiado que se haya abusado de un solo niño, pero no podemos admitir descalificaciones contra el Papa"

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"Nos duelen en el alma los graves pecados y delitos cometidos por algunos hermanos en el sacerdocio y por algunos religiosos que han abusado de menores traicionando la confianza depositada en ellos por la Iglesia y por la sociedad". Así expresó el cardenal Rouco el sentir de la Iglesia española y de los obispos sobre la cuestión de los abusos.

En su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria, añadió que aunque "ya es demasiado que se haya abusado de un solo niño, tampoco podemos admitir que acusaciones insidiosas sean divulgadas como descalificaciones contra los sacerdotes y los religiosos en general y, por extensión, contra el mismo Papa". Las referencias a Benedicto XVI provocaron un sentido y prolongado aplauso de todos los prelados presentes, hacia el Santo Padre, que este lunes celebra el quinto aniversario de su elección como Pontífice.

Rouco insistió en que "los obispos españoles estamos con Benedicto XVI. También está con él la inmensa mayoría del pueblo fiel. Se ha intentado manchar su figura para hacer creer a la gente que los abusos han sido frecuentes entre los sacerdotes y los religiosos, y sin que los obispos o el Papa actuasen debidamente". Recordó que fue precisamente el Papa, quien estableció "las disposiciones encaminadas a prevenir y corregir abusos en el campo mencionado y en otros ámbitos de la vida de la Iglesia".

Sobre los casos de abusos, el presidente de la Conferencia Episcopal Española precisó que "hemos puesto y, según las necesidades, pondremos con más cuidado los medios adecuados para prevenir y corregir casos de ese tipo, de modo que nadie pueda pensar que sea compatible el servicio sacerdotal o la vida consagrada con la comisión de tales crímenes. Es intolerable faltar tan gravemente a la castidad, a la justicia y a la caridad abusando de una autoridad que debería haber sido puesta precisamente al servicio de esas virtudes y del testimonio del amor de Dios, del que ellas dimanan".

El arzobispo de Madrid argumentó que "el remedio (a los abusos) hay que buscarlo, sin duda, en medidas preventivas, disciplinares y penales, pero sobre todo, en el cultivo de la santidad de vida, es decir: en la adhesión personal a Jesucristo, por la entrega completa de la propia vida a él en el amor" y añadió que "la consagración a Dios en el celibato, libremente asumido por su amor, es un medio excelente de santificación que ha de ser cultivado con las condiciones y los medios señalados por la Iglesia, más, si cabe, en un contexto en el que es puesta en cuestión no sólo por un modo de vida hedonista y relativista, bastante generalizado, sino también por una crítica teórica, sin fundamento, que se opone a la experiencia contrastada de la Iglesia. De todo ello nos ha hablado el Papa con especial humildad, sabiduría y claridad".

El cardenal Rouco repasó las dos próximas visitas del Papa a España. Afirmó que el Santo Padre viene a Santiago "sabedor de lo que expresó uno de los máximos poetas de su materna lengua alemana - Goethe - de un modo que ya se ha hecho proverbial: “Europa nace peregrinando”. En efecto, lo que decimos de las raíces cristianas de España, vale también, a su modo, para toda Europa. El Viejo Continente es algo más que una mera agregación geográfica de pueblos internamente inconexos y, por eso, ha sido capaz de ofrecer a la Humanidad un proyecto de vida que otros pueblos y culturas han asimilado en buena medida y siguen deseando hacer propio en lo que tiene de portador del más genuino humanismo".

En torno a la consagración por parte del Papa del templo de la Sagrada Familia, el 7 de noviembre, Rouco subrayó que ese acto evocará "la necesidad de seguir proponiendo la concepción natural y cristiana del matrimonio y de la familia como base de la convivencia social justa, ya que ella es el ámbito en el que la persona debe ser convocada a la vida y el que le permite configurar su identidad personal de modo conforme a su dignidad y a las correspondientes exigencias psicológicas y educativas. El Estado y la Iglesia deben reconocer la prioridad de la familia y ponerse a su servicio, sin preterirla ni suplantarla".