Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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La tristeza en medio de la crisis y la falta de fe

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En la fe está la clave. De ahí que tenga tanta importancia el Año de la Fe que para este curso ha convocado Benedicto XVI. En la fe también está la clave, no de la crisis económica, pero sí de una de sus mayores consecuencias: la deseperanza que siembra en los corazones.

Así lo explicaba el cardenal Antonio María Rouco Varela en una reciente entrevista en el arranque del curso: "el hombre que ha perdido la fe, que no sabe qué hacer con su vida, y no sólo con el dolor, con las injusticias y el pecado, sino con su misma vida; y esa crisis de esperanza, en el fondo es crisis de fe, crisis de Dios". De esa falta de fe procede "la crisis del alma y del corazón de muchos europeos, que dan un tono de mucha tristeza a la crisis global".

Y es que en estos tiempos que nos ha tocado vivir, en estos años de crisis, la Iglesia está ahí. Explica el cardenal que es "una manera muy sencilla y muy cristiana de responder" que consiste en "estar al lado de los que lo necesitan de una manera más directa y más profunda".

Los desalentadores datos del paro sumados a los desalentadores datos económicos hacen prever que la crisis económica va para largo, pero el problema va más allá, "no es un problema de una tendencia económica, sino de un profundo calado humano". A la Iglesia le queda la tarea transmitir a una sociedad que se ha sumado al relativismo y al laicismo, su Buena Noticia.

Zenón de Elea

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