Lunes 23/07/2018. Actualizado 01:00h

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Un testimonio de una de las pocas parejas que se casan por la Iglesia

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Con frecuencia me llega los mails del misionero claretiano Julio Sáinz Torres. Un sacerdote empeñado en la formación de las jóvenes parejas.

Sus cursillos están llenos. Este fin de semana por ejemplo, en pleno julio, 60 parejas van a acudir a los llamados cursillos prematrimoniales, que no sé si habrá que cambiar el nombre, pero que en según qué parroquias, todavía suscitan interés en muchos jóvenes.

Pues bien, me ha mandado un testimonio de unos recién casados. “Su ilusión ilumina nuestros caminos vocacionales. ¡Gloria al Señor!”, dice el P. Julio.

Me ha conmovido este testimonio. Cada vez se oye menos expresiones tipo “El Señor ha bendecido nuestra unión” “siempre de la mano de Dios” y esta pareja hace suyas estas alabanzas, estos jóvenes que forman parte del 22% de parejas que se casan hoy en día por la Iglesia católica.

Me ha gustado tanto el testimonio que me hago eco de él. Aquí os lo dejo.

“El 19 de mayo fue nuestro Gran Día, en el que el Señor ha bendecido nuestra unión. Somos una pareja que estuvimos en el grupo del curso Pre Matrimonial de noviembre del año pasado, hace ya tantos meses y, sin embargo, lo recuerdo tan cerca... nos quedaban justo 6 meses para la boda y estábamos ilusionados de estar ahí con tantas otras parejas. 

Pudimos aprender mucho en las horas que estuvimos allí y, todavía hoy recordamos algunas frases que se nos han quedado en la memoria. 'Somos nosotros quienes nos casamos y no el sacerdote', 'tenemos que ser sinceros el uno con el otro y procurar no irnos a dormir enfadados' y tantas otras... el día de nuestra boda, en nuestros votos, nos miramos, tras decir las palabras y fue mágico, tal y como nos dijeron en el curso. 

Lo cierto es que aunque preparas muchas cosas materiales en un día así, lo que recordamos nosotros y, parece que también nuestros invitados por los comentarios que nos han hecho, son las emociones, los regalos sentimentales, el amor que pones en las cosas, las miradas... 

Sin duda fue el día más feliz y, ahora, queremos continuar nuestro camino juntos, siempre de la mano de Dios y teniendo muy presente todo lo aprendido en el curso. Gracias por todo. H y B.  

Zenón de Elea


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