Martes 24/10/2017. Actualizado 01:00h

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El campeón de atletismo que reza a Alá al terminar la carrera

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Mohamed Farah se ha llevado dos medallas de oro en estos juegos: la de los 1.000 metros y la de los 5.000. El bicampeón, que compite con los colores de Reino Unido pero es originario de Somalia, no solo dio una lección deportiva sino también de coherencia de vida. Al terminar cada competición, Farah se arrodilla en el suelo, busca la dirección de la Meca y delante de un estadio repleto, se pone a rezar a Alá.

Farah no ha sido de los deportistas musulmanes que ha cumplido con el ayuno propio del mes del Ramadán. Numerosos ulemas permitieron una dispensa voluntaria a los deportistas. De hecho, el islam exime a determinadas personas de cumplir con la práctica que establece que no se puede comer ni beber durante el mes sagrado desde que sale el sol hasta que se pone. Están exentos los enfermos, los ancianos débiles, los niños, las embarazadas y madres lactantes y las personas con trabajos especialmente duros. Se puede considerar que un deportista en unos Juegos Olímpicos puede incluirse en esta categoría.

La religión ha dado que hablar en estos Juegos Olímpicos porque la organización prohibió la entrada al Estadio con libros sagrados, como la Biblia o el Corán. Sin embargo, las imposiciones no pueden llegar hasta la vivencia personal del hecho religioso. Muchos deportistas expresan su fe durante las competiciones, para pedir fuerzas y como muestra de agradecimiento.

Zenón de Elea

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