Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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La alegría de un bebé sano y la muerte de un bebé enfermo

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Es, posiblemente, uno de los temas en los que más cuesta convencer a la sociedad de la violación bioética que se esconde tras los llamados bebés medicamento o los bebés libres de enfermedades congénitas. ¿Quién no se alegra por el nacimiento de un bebé sano? ¿Quién no se entristece al saber que un bebé está enfermo?

Profesionales por la Ética acaba de anunciar que el desarrollo científico ha permitido que una mujer diera a luz a un bebé libre del "síndrpome del niño burbuja", enfermedad que ella portaba. Pero tras esa aparente buena noticia, indican, se esconden numerosos interrogantes éticos.

Es sencillo, "el diagnóstico genético preimplantatorio implica la eliminación directa de decenas de embriones humanos producidos mediante Fecundación in Vitro que no cumplen con el estándar de calidad deseado. Estamos por tanto ante un caso de eugenesia (aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana). Es llamativo que la institución en la que ha llevado a cabo el proceso no indique cuántos embriones han generado y destruido para dar lugar al embrión «sano»".

Claro que alegra el nacimiento de un bebé sano y claro que entristece que haya bebés enfermos. Claro que es difícil aceptar el dolor y el sufrimiento. Pero detrás de estos argumentos plagados de emotivismo se esconde una realidad mucho más cruda. Tan cruda que a veces las palabras no alcanzan a darle comprensión. Un buen amigo de esta casa, Conchito, publicó hace un tiempo una viñeta en el Foro Universitario El Escorial de las que les quiero hacer partícipes.

Zenón de Elea

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