Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Santo Tomás Moro y el cura gay Charamsa

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En la Iglesia Católica hay santos que han dado su vida por defender el matrimonio tal y como Cristo lo instituyo, y hay también otros cristianos que piden al Papa la modificación de la doctrina del sacramento matrimonial acorde con las nuevas circunstancias de los hombres y mujeres de nuestra época.

Entre los primeros se encuentran el obispo inglés John Fisher y el seglar y pensador Tomás Moro, que fueron decapitados por oponerse al adulterio del rey Enrique VIII, siguiendo de esa manera los pasos de San Juan Bautista. Fisher, Tomás Moro y el Bautista son santos por defender el sueño de Dios para el matrimonio, el amor entre un hombre y una mujer, exclusivo, para siempre y abierto a la vida.

Entre los segundos me atrevo a incluir al sacerdote polaco Krysztof Charamsa, el conocido cura gay. La Iglesia le acaba de suspender del ejercicio sacerdotal, y no por ser homosexual, sino por cometer errores doctrinales contrarios a la Sagrada Escritura.

El obispo de la diócesis polaca de Pelplin, Ryszard Kasyna, que es quien le ha comunicado a Charamsa la suspensión de la función del orden, le tendió la mano, le invitó a que fuera a Polonia a hablar con él, pero Charamsa le contestó que no tenía dinero para el viaje. Además, está indignado porque considera injusta la pena, y dolido con los obispos de Polonia a los que acusa de no reaccionar ante el lenguaje católico de odio contra las minorías sexuales.

Cuando faltan tres días para que finalice el Sínodo de Obispos sobre la Familia, cabe preguntarse a qué grupo queremos pertenecer. Quizás exista un tercero, que se me escapa.

Zenón de Elea


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