Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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La Iglesia también cuenta lo malo

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Se ha acabado el tiempo en el que la Iglesia ocultaba sus pecados. Ahora, no solo los ataja con firmeza por las vías jurídicas establecidas en la sociedad civil, sino que también se atreve a reconocerlos en el ámbito público. Así ha pasado esta misma semana cuando el diario Avvenire, de la Conferencia Episcopal Italiana, se hacía eco del supuesto caso de extorsión y delito sexual atribuido a un sacerdote responsable de la Cáritas local de la diócesis de Trapani. 

El caso está en este momento pendiente de investigación tras la detención del sacerdote, pero la Iglesia se ha apresurado tanto a retirarlo de sus responsabilidades pastorales como a ponerse a disposición de las autoridades para facilitar el esclarecimiento de los hechos. La diócesis emitió de inmediato un comunicado en el que se explicaba la situación y el periódico de los obispos no quiso dejar de recogerlo. 

La Iglesia, compuesta de hombres, con todas sus debilidades, no es ajena a los pecados en los que se puede incurrir en el uso de la libertad. El cambio de actitud hacia todo tipo de actos delictivos no implica que antes se admitiesen, pero sí que ahora se reconocen. El efecto no puede ser más positivo: junto a la imagen de transparencia se genera la impresión de que el que comete algún delito no quedará impune. Y, además, se muestra como estos desgraciados casos son solo uno entre las miles de buenas noticias que se generan en el entorno. La Iglesia, que siempre cuenta lo bueno, también cuenta lo malo.

Zenón de Elea

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