Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:34h

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Vaticano

Una religiosa y una laica presiden sendas subsecretarias

Las mujeres sólo ocupan el 15% de los cargos de la Curia romana

Una de las reformas previstas por Francisco es aumentar la participación de los laicos en el gobierno de la Iglesia

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En la Curia romana, apenas el 15% de los cargos son ocupados por mujeres y la mayoría, en trabajos auxiliares. Los puestos de mayor relevancia dirigidas por mujeres son dos subsecretarias. La participación de los laicos en los dicasterios, es una reforma que va lenta, pero prevista por el Santo Padre.

Flaminia Giovanelli. Flaminia Giovanelli.

Para expertos en derecho canónico, ha llegado el momento de dar un paso más y reconocer la posibilidad de que laicos y consagrados, tanto varones como mujeres, puedan ser miembros a pleno título de los dicasterios de la curia romana, sin excluir las congregaciones.

Las dos mujeres –una religiosa y otra lacia-, ambas italianas, que ocupan dos subsecretarias en la curia son: sor Nicoletta Spezzatti, de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y Flaminia Giovanelli, experta en economía, del Pontificio Consejo Justicia y Paz.

El Papa Francisco está insistiendo en un mayor reconocimiento del papel de la mujer, no sólo en la sociedad civil, sino también en la Iglesia. Dicho con sus palabras: “Es necesario ampliar los espacios de una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”.

“Pienso que esta afirmación no es irrelevante para la curia romana, puesto que puede llevar a valorar más a fondo la promoción de los fieles que trabajan en los dicasterios. Todavía más, el Papa plantea esta cuestión de algún modo cuando afirma: El genio femenino es necesario en los lugares en los que se toman las decisiones importantes. Es necesario afrontar este desafío y reflexionar sobre el puesto específico de la mujer, incluso allí donde se ejerce la autoridad en los diversos ámbitos de la Iglesia”, sostiene Antonio Viana, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra.

Pero en relación con la participación de laicos en los dicasterios, las cosas van lentas. Hasta Pablo VI, los miembros de los dicasterios eran cardenales. Pablo VI admitió que algunos obispos diocesanos y Juan Pablo II permitió, bajo algunas condiciones, a los laicos. “La reforma que ahora se prepara puede ser la ocasión de que se reconozca la presencia de laicos, tanto hombres como mujeres, como miembros de la curia”, afirma Viana.

La ley pontificia que regula con carácter general el fundamento y organización de la curia romana es la constitución apostólica Pastor Bonus, promulgada por Juan Pablo II en 1986.

Sin embargo, la participación de los fieles no ordenados deberá ser aplicado con prudencia y con realismo, sobre todo en el caso de los laicos casados, porque su dedicación profesional al dicasterio deberá ser compatible con sus obligaciones familiares, con exigencias salariales normalmente más altas que las habituales en la curia y con necesidades de contratación indefinida.

Pero por encima de todo, lo que debe primar es mejorar la formación de los miembros y oficiales que trabajan en la curia. A la vista de algunas experiencias negativas, es necesario cuidar bien las condiciones de idoneidad de estos colaboradores: honradez, austeridad de vida, discreción y silencio de oficio, profesionalidad, así como las exigencias de actualización y formación permanente.

Laicos bien atendido por la curia romana

Por otra parte, dentro de las reformas que está emprendiendo Francisco, cabría añadir que la curia romana, además de ayudar al Papa y a los obispos, es y debe ser inseparablemente una instancia de servicio a los files, que tienen derecho a ser bien atendidos cuando se dirigen a los dicasterios o pueden resultar afectados por un acto administrativo de la curia.

“La audiencia al interesado, las pertinentes comunicaciones, la motivación de las resoluciones, la lucha contra las dilaciones injustificadas, la consideración del silencio administrativo como situación verdaderamente excepcional y no deliberada, el despacho de los asuntos en un tiempo razonablemente breve, el aprovechamiento de las posibilidades de las nuevas tecnologías…todos estos aspectos son elementos precisos de cualquier administración moderna, que deberían estar presentes también en el trabajo de la curia romana”, explica Antonio Viana.

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