Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Vaticano

El Consistorio extraordinario de la familia habla sobre los divorciados y la nulidad matrimonial

El Padre Lombardi explicó que hubo entre 42 y 43 intervenciones después de la introducción de Kasper. No hay ni tensión ni ansia en las discusiones. Los nuevos presidentes del Sínodo: Tagle, Vingt-Trois y Damasceno

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Consistorio extraordinario sobre la Familia Consistorio extraordinario sobre la Familia

Según publica Vatican Insider, la posibilidad de conceder la comunión a los divorciados que han contraído nuevamente matrimonio fue uno de los temas que se discutieron en el Consistorio extraordinario sobre la familia que se celebra en el Vaticano. Durante la discusión de estos dos días, “muy amplia y serena”, se subrayaron incluso las “dificultades” de la visión cristiana de la familia en el actual contexto cultural secularizado. El portavoz vaticano, el padre Federico Lombardi, indicó en una conferencia de prensa que, tras la exposición del cardenal Walter Kasper de ayer por la mañana (a quien felicitaron “muchísimos padres”), han intervenido hasta ahora entre 42 y 43 cardenales de los más de 150 presentes. Además, Lombardi explicó que estas discusiones forman parte de «un camino sinodal de dos años», y no llegará a ninguna conclusión definitiva.

 Durante el debate entre los purpurados, que se ha llevado a cabo entre ayer por la tarde y hoy por la mañana, ha habido una serie de intervenciones en las que se han “afrontado desde el punto de vista canónico y jurídico” los procedimientos para las causas de nulidad matrimonial y «cómo mejorar, simplificar y replantear eventualmente» lo relacionado con este ámbito. Después, continuó el director de la sala de prensa vaticana, se habló sobre la “cuestión de los divorciados que se han vuelto a casar y sobre la admisión a los Sacramentos”; fue, subrayó Lombardi, una serie de intervenciones que se llevó a cabo «amplia y serenamente”. Al respecto, el jesuita subrayó el “gran compromiso de lograr conjugar de la mejor forma posible el tema de la fidelidad al mandato de Cristo”, al de la misericordia y al de la atención “pastoral a las personas y a las diferentes situaciones”.

 También, continuó Lombardi, hubo algunos cardenales que hablaron sobre una «perspectiva amplia de la visión de la familia, en la perspectiva de la antropología cristiana» y sobre la «relación entre esta visión y el contexto de la cultura secularizada, que promueve visiones de la familia, de la sexualidad y de la persona muy diferentes” y frente a las cuales “la visión cristiana se encuentra en una situación de dificultad”. Estas intervenciones no tuvieron ningún tono de queja, sino de «realismo». En cambio, no se “tematizaron” cuestiones como la contracepción o las parejas de personas del mismo sexo, respondió el portavoz vaticano a los periodistas. En genreal, indicó, la atmósfera de la discusión entre los cardenales no ha sido de «tensión o ansia», sino de «discernimiento, sabiduría y de una búsqueda conjunta» para afrontar los problemas.

Al principio de la reunión, el Papa anunció que había elegido como presidentes del Sínodo extraordinario sobre la familia que se llevará a cabo del 5 al 19 de octubre a los cardenales André Vingt-Trois, arzobispo de París, Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila, y Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida. Ninguno de ellos es curial. Hace ya algunos meses, en cambio, se habían nombrado el relator general (el cardenal de Budapest, Peter Erdö) y el secretario especial (el arzobispo de Chieti-Vasto, Bruno Forte). El padre Lombardi subrayó además que “no hay que esperar de este Consistorio una conclusión o una orientación unitaria” sobre los divorciados u otros temas familiares, porque la reunión de los cardenales es más bien una “introducción al camino del Sínodo», por lo que no «pretende prefigurar o condicionaR” su desarrollo.

 “Tenemos ante nosotros -concluyó Lombardi- un camino sinodal que dura dos años, con una amplia consultación: dos Sínodos que durarán algunas semanas, las respuestas de las conferencias episcopales... No pretendamos que en dos días, en los que ni siquiera podrán hablar todos los cardenales, porque el tiempo es limitado, se afronten todos los argumentos”.


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