Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Un viaje más?

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No llevo la estadística de los viajes del Papa fuera de Roma. Me parece obligado señalar, sin embargo, que éste será el número 24, de un hombre de 85 años. En pocos días se trasladará al Libano; y este viaje tiene, sin duda, unas caractarísticas y connotaciones especiales. Y muy significativas para toda la Iglesia.

El viaje es un canto a la Fe, a la Esperanza, a la Caridad, en los tiempos actuales de la historia del Oriente medio, de la Iglesia.

Las tierras del actual Libano acogieron a los primeros cristianos salidos de Jerusalen; en sus tierras la fe echó raices desde los comienzos de la Evangelización cristiana del mundo.

San Marón, monje del siglo IV dejó asentadas las raices cristianas de los primeros tiempos, y hasta que llegó la invasión musulmana, la fe en Cristo creció vigorosa en los territorios del actual Libano, y continuó después viva en medio de persecuciones y martirios.

Llegaron después siglos de convivencia y de guerras, incluido el paréntesis de los Cruzados en los siglos XII y XIII, que marcaron la historia de estas tierras sometidas a los gobernantes de Constantinopla hasta el imperio turco, que concluyó al final de la Primera Guerra Mundial, después de un dominio de 400 años..

Y las raices cristianas siempre vivas a lo largo de los siglos. También bajo el imperio francés que terminó con la independencia y la constitución de la nación en los años 40 del siglo pasado. Las tierras del Libano, los montes de Líbano, con sus cedros y ermitas, han sido un punto de referencia de la Fe en Cristo en todo el oriente.

Benedicto XVI va a encontrar una Iglesia viva. Más de la mitad de los libaneses son catolicos; y hay familias libanesas católicas, y con sacerdotes libaneses que las atienden, en varios países del mundo, entre ellos, Francia, Siria, Chipre, Estados Unidos, Brasil, Canadá, México, Argentina, Australia, Venezuela.

Los cristianos del Libano han sobrevivido a matanzas durantes siglos, y últimamemente, en los últimos años del siglo pasado, a los ataques de los ejercitios sirios y palestinos, que han pretendido deshacer el país, y apoderarse de él. Los cristianos del Líbano siempre han reaccionado en defensa de su vida y de su Fe. Y, cuando parecían derrotados y abandonados por la comunidad internacional, han vuelto a sobrevivir, a reconstruir las ciudades, a vencer.

Benedicto XVI va a un país, a una parte de la iglesia católica siempre vinculada con Roma, que con sus 2 y medio millones de fieles –más de la mitad de los habitantes del país-, reune cerca de 500 alumnos en sus seminarios de formación sacerdotal. Un esperanza viva de futuro.

Escuelas, hospitales, orfelinatos católicos, que no dejan de crecer, y de atender, cada año, a un mayor número de personas, son un testimonio vivo de caridad cristiana, en el que participan personas –también musulmanes-que lo deseen. Durante muchos años el Libano ha sido, y lo seguirá siendo, un ejemplo de conviviencia religiosa pacífica, rota en ocasiones por intereses políticos.

Viviendo con los cristianos del Líbano, Benedicto XVI dará, sin duda, muchas gracias a Dios, muchas gracias a Cristo, que no abandona jamás a quienes creen en Él. Y Libano se convertirá –ya lo es- en un ejemplo vivo para tantos otros cristianos en otros lugares del mundo que encuentran obstáculos de todo tipo para vivir su Fe.

En Esperanza y Caridad, anunciarán siempre la Verdad, darán a conocer a Cristo, como han hecho los libaneses a lo largo de toda su historia.

Ernesto Juliá Díazernesto.julia@gmail.com

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