Lunes 11/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La verdad de don Javier Martínez

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Un gesto, un símbolo, significa lo que es y nos permite entender mejor la realidad. Monseñor Javier Martínez se postró ante el presbiterio de la catedral de Granada, sede histórica donde las haya, otro símbolo de lo que significa la fe católica para España y se anonadó. Kénosis, cruz, perdón, misericordia. Un gesto que ha permitido el tránsito en la opinión pública como contexto previo a las detenciones de los presuntos judicialmente pederastas.

El escándalo de los sacerdotes pederastas de Granada supone un antes y un después para la Iglesia en España. La pederastia no solo habla del “sacrilegio” del santuario de la infancia, del cuerpo como templo del Espíritu Santo, sino del abuso de poder, de la degradación de la persona hasta extremos insospechados. La pederastia es síntoma de procesos internos y externos y reclama, pasada la justicia penal, un notable examen de conciencia no sólo de la forma de vida sino de las ideas y de ciertas teologías que han pululado por los centros de formación y por las conciencias.

El caso de los pederastas de Granda se ha convertido en el caso del arzobispo de Granada, un arzobispo que es un verso suelto y que, desde ya mucho tiempo, está en el punto de mira de no pocos. El caso de los pederastas de Granada atisba un horizonte de negros presagios como si en España hubieran sido invitados los negritos de las novelas de Agatha Cristhie. Uno tras otro acabarán sucumbiendo…

El caso del arzobispo de Granda es el caso de quien no encaja en los marcos de comprensión internos y externos por ejercer la libertad de pensamiento y una propuesta de fe que rompe con demasiados esquemas. Un hombre que ha pisado charcos y que, sin embargo, tiene una capacidad de atracción sin par para el mundo laico. Muestra de ello es el proyecto cultural “Nuevo inicio” o su propuesta de entregar las tierras baldías de la archidiócesis a los parados, o su otrora defensa de la Catedral de Córdoba. Quizá por eso fue el primero de los arzobispos que denunció la corrupción del sistema de las Cajas de Ahorro.

La homilía del arzobispo de Granda, en la misa penitencial del viernes santo de su vida, o del viernes santo en la Iglesia de Granada, trasciende el obligado ejercicio de la justicia humana para adentrase en la dinámica del misterio de Dios, de su justicia y de su misericordia, de esa mirada que ofrece la fe. Para saber quién es don Javier Martínez hay que escuchar con detenimiento esa homilía. Una homilía en la que se oye hablar al obispo, epíscopo, vigilante, de “las heridas dolorosísimas en el cuerpo de Cristo”, de la imagen de la esposa llena de llagas y del preso con la cabeza llena de bollos…

Una imagen de la realidad de la Iglesia, de esa verdad de la que habla el Papa Francisco, y que va a acompañar en un futuro, con éste y otros casos, a nuestra Iglesia.  


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