Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El trabajo de monseñor Ayuso

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Utilizar la palabra histórico para definir el viaje del Papa a Egipto es un lugar común, quizá en exceso manoseado. El viaje del Papa dejará, además de las palabras, que siempre tienen un poder transformador, las fotografías.

En el mundo globalizado de la imagen, de los selfies, para las nuevas generaciones de musulmanes, para los jóvenes creyentes enganchados a las redes sociales, la foto del Papa junto al imán de la mezquita de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyib, tendrá una repercusión quizá más importante, como mensaje global, como síntesis, que no pocos de los discursos allí pronunciados.

Es cierto que el Papa ha querido ratificar el nuevo momento de diálogo con ese centro de posibilismo islámico, que es Al-Azhar. En continuidad con el trabajo de san Juan Pablo II, y los esfuerzos de Benedicto XVI, -después del accidentado discurso de Ratisbona-, el Papa ha firmado una alianza con el Islam dialogante, con el Islam capaz de articular un proceso de ilustración interna de una revelación que, en las formas de vida actuales, tiene un riesgo añadido de ideologizarse, de ser instrumentalizado por las maneras reduccionistas del Estado.

La contribución de Al-Azhar a un Islam capaz de generar sociedades abiertas, frente a las tendencias del Islam radicales y fanatizadas que propugnan un Islam en sociedades cerradas,  es clave para el adecuado diálogo interreligioso.

Hay que agradecer, por tanto, el trabajo y los esfuerzos de quien ha hecho posible este acercamiento, monseñor Miguel Ángel Ayuso, sevillano de pro y secretario del Pontifico Consejo para el diálogo interreligioso. Persona a la que, en no poca media, se debe el éxito de este viaje. Artífice, por tanto, de esta nueva época.

Se podría decir que el Papa Francisco ha dicho, más o menos, lo mismo que Papa Benedicto: la violencia no pertenece a la esfera de la religión. Por supuesto, sin citar  al Islam. Y el Imán rector de la Universidad ha dicho lo mismo, refiriéndose a actos de violencia que no pueden ser atribuidos a las religiones.

Las palabras del Papa Francisco, en su discurso en la Conferencia Internacional, son muy elocuentes: “El futuro de todos depende también del encuentro entre religiones y culturas”. 

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