Domingo 22/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

A la sombra proselitista de la Inmaculada

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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“Que la Virgen María nos ayude a los cristianos a conservar una conciencia siempre viva y agradecida de nuestro Bautismo y a recorrer con fidelidad el camino inaugurado por este Sacramento de nuestro renacimiento. Y siempre humildad, mansedumbre y firmeza”.

Luego del rezo de la oración mariana, el Papa recordó que esa mañana había bautizado a “un buen grupo de recién nacidos: 28. Recemos por ellos y por sus familias. Ayer bauticé, también, a otra persona. Y quisiera extender mi oración a todos los padres que en este período se están preparando para el Bautismo de uno de sus hijos, o a quienes acaban de celebrarlo. Invoco el Espíritu Santo sobre ellos y sus hijos, para que este Sacramento, tan simple y al mismo tiempo tan importante, sea vivido con fe y con alegría”. (Papa Francisco, 9-I-2017).

Al Bautizar, el Papa ha hecho nuevos prosélitos, ha hecho posible que nuevos hijos de Dios en Cristo se hayan incorporado a la Iglesia; y los ha acercado también a la sombra proselitista de la mirada de la Inmaculada Concepción.

Este día de la Inmaculada, en toda la Iglesia Católica se vive esa escena de Pentecostés que narran los Hechos de los apóstoles: “Partos, medos, elamitas, y los que habitan en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y el Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de Libia, próxima a Cirene, y los forasteros romanos, así como judíos y prosélitos, cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios (Act. 2, 9-11).

La Santísima Virgen María es la noticia del día. En Roma lo celebran de manera muy particular, llevando coronas de flores a la Inmaculada de la Plaza de España; y yendo el mismo Papa a participar en la ofrenda floreal. Muchos, por desgracia quieren pasar por alto esta Fiesta. ¿Por qué? Sencillamente porque no quieren oír hablar de Pecado. Y mucho menos del pecado original, de la que Ella ha sido redimida, preservada, liberada, en el mismo instante de ser concebida.

Ya en el Cielo, la Sin Pecado conoce la fuerza del pecado en todos sus hijos que transitamos por este mundo. Y quiere hacer de nosotros prosélitos de la Redención que el amor de Dios nos ofrece en la Cruz y en la Resurrección de su Hijo Jesucristo. Nos atrae hacia su corazón con su mirada pura, amorosa, y en su amor y su pureza, proselitista.

Ella vive en su plenitud el mandato de Cristo a los Apóstoles y a los discípulos de la primera hora. “Id y predicad a todas las gentes..el que se bautizare será salvo”; y lo hace muy especialmente desde los Santuarios que el pueblo cristiano, el pueblo de los prosélitos de Cristo, le han levantado en todo el mundo,  Cristo no les  mandó a dialogar para ver si llegaban a un acuerdo; su diálogo era una predicación dicha en libertad, ante personas libres. El ejemplo de Pablo en Atenas es clarísimo. Unos, con toda libertad, le escucharon y le siguieron, y se convirtíeron libremente en prosélitos; otros, con la misma libertad, le escucharon y siguieron libremente su camino. Y Pablo continuó yendo de ciudad en ciudad, hasta el fin de su vida en Roma buscando hombres y mujeres que anhelasen ser prosélitos de Cristo, cristianos.

La Virgen Purísima es la Madre del Amor Hermoso. En su fiesta, la Inmaculada Concepción, en todos sus santuarios se eleva una luz hasta el Cielo, en la esperanza de iluminar tantas mentes de hombres y mujeres enfangadas hoy en la impureza de una sexualidad vivida bajo la sola presión del instinto y de la búsqueda de placer carnal, alimentada por la pornografía y por todas las prácticas sodomíticas y antinaturales, de las que tanta propaganda se hace hoy en día. Sobre las que ya el mismo Freud llamó la atención acerca de su perversión.

La mirada amorosa, pura y proselitista de la Virgen María, nos transmite el Amor de su Hijo, y nos quiere cambiar el corazón, para que nos convirtamos en verdaderos prosélitos de su Hijo, de la Iglesia de su Hijo, y no “sigamos desorientados y perdidos en nuestros pecados” (Francisco, Angelus, 3-XII-2017).

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