Domingo 22/07/2018. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los santos de la puerta de al lado

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Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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Los santos de la puerta de al lado

Con la Exhortación Gaudete et exsultate, el Papa Francisco recuerda la vocación de todo cristiano a la santidad, con una mirada optimista porque la fe tiene capacidad para transformar el mundo. Un mundo desconcertado que busca pero no encuentra, porque hay ideologías que mutilan el corazón humano. Y los fieles laicos tienen la misión de elevar las estructuras terreras según el plan de Dios, que cuenta con nuestra libertad responsable.

Precisamente la vocación de los fieles del Opus Dei es poner a Cristo en la cima de las actividades humanas; pero esto no significa superioridad ni exclusividad, sino rectitud de intención en la entraña de la vida personal y comunitaria

Cuando el Papa Francisco invita a descubrir «al santo de la puerta de al lado» me viene a la mente Chema Postigo, fallecido a los cincuenta y seis años, un cristiano corriente con algo especial pues a sus funerales, uno en Barcelona y otro en Madrid, acudieron seis mil personas. Además, entre el velatorio y el funeral, se repartieron miles de rosarios a modo de recordatorio. Su hermano Miguel ha escrito un libro movido por el asombro al contemplar la trayectoria de Chema, con su esposa Rosa y sus muchos hijos: una vida colmada haciendo el bien a manos llenas en la familia, con los amigos, en el trabajo, y su apostolado diario, así como las obras de caridad y misericordia. Todo normal pero lleno de amor de Dios. Y como él varios cientos de fieles del Opus Dei han concluido su misión en la tierra; algunos están en proceso de beatificación, por no hablar del Beato Álvaro del Portillo.

Alguien puede pensar que el Papa Francisco está abaratando la santidad por aquello de que todos pueden ser santos, como el vecino de la puerta de al lado. Sería un error al pensar que la santidad en la vida corriente -con algunos ejemplos que señala el Papa- equivale a una santidad mediocre, sin relieve, y sin destacar; pero no es así porque luchar por ser santos requiere virtudes heroicas y poner los medios para corresponder a la gracia de Dios. Hasta los apóstoles se veían incapaces pero Jesús les dijo: «Para los hombres es imposible, pero para Dios no; porque para Dios todo es posible».

El entonces Cardenal J.Ratzinger escribía que las virtudes heroicas que destacan en los santos no se deben sólo a sus fuerzas naturales sino a los dones de Dios, como se aprecia en la persona de san Josemaría: «Virtud heroica no significa exactamente que uno hace cosa grandes por sí mismo, sino que en su vida aparecen realidades que no ha hecho él, porque él solo ha estado disponible para dejar que Dios actuara».

San Josemaría se esforzó siempre por ocultarse y desaparecer para que sólo Jesús se luzca en la vida de miles de cristianos, que viven el espíritu específico del Opus Dei. Consideraba que nuestra vida debe ser como en un bello tapiz, para la gloria de Dios y bien de las almas, en el que lucen figuras variadas en medio de la creación buena de Dios; pero el reverso está lleno de nudos sin apariencia, hombres y mujeres pecadores que rectifican y se levantan muchas veces porque cuentan con la gracia de Dios y la sanación de la Iglesia santa, que es la comunidad de los perdonados.


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