Domingo 22/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Los protestantes españoles, en primera fila

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Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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España es un país de contrastes. “Podemos” y sus filiales y amigos varios presentan el Congreso una proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales, y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgéneros e intersexuales (LGTBI) que, a todas luces, es contraria a la antropología que se deriva del Evangelio. Bueno, y antes y al mismo tiempo que al Evangelio, a la razón de la naturaleza y a la libertad, entre otras.

Pues resulta que quien sale a la palestra pública para pedir que no se apruebe esa propuesta son los protestantes españoles. Los protestantes, con sus argumentos, algunas veces utilitarios, defendiendo, en esta materia, la antropología cristiana que sostienen los católicos. No vamos a hablar de silencios aún, mejor dejarlo para otro rato, para otro texto. Hablamos de ecumenismo práctico.

Mariano Blázquez, Secretario Ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), remite una carta al presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, que despierta la envidia de no pocos. 

Dice en su misiva que “asistimos ahora a la tramitación parlamentaria de una proposición de Ley estatal cuyo contenido nos parece muy preocupante. Por un lado, porque deja de lado a muchas víctimas de discriminación, que no quedan amparadas por el Estado español. Por otro lado, porque impone una ideología de la que no se puede discrepar, vulnerando derechos y libertades protegidos por nuestra Constitución”.

En el Informe comunicado de la Alianza Evangélica Española se leen afirmaciones que si fueran dichas o escritas por un obispo, o grupo de obispos, católicos, levantarían no poco polvo en el camino.

Por ejemplo: “La realidad es que hace años que en la administración, en los medios de comunicación, en las manifestaciones culturales, etc., no se escuchan posicionamientos críticos con el colectivo LGTBI; los podemos encontrar dirigidos contra otros grupos sociales, pero los postulados y la imagen de ese colectivo son intocables y cualquier discrepancia es atajada con la acusación de “homofobia””.

O este otro párrafo que no tiene desperdicio: “La lectura de este proyecto nos demuestra que persisten aún hoy: la redacción del mismo está impregnada de prejuicio e intolerancia y, al igual que los antiguos dogmáticos, es incapaz de distinguir entre respeto a las personas y derecho a la discrepancia; promueve así la discriminación por razón de opinión”.

El análisis del texto arranca de la siguiente forma. Para muestra un botón, lo demás, imagínenselo: “Se establecen de entrada postulados que no obedecen a criterios científicos, sino ideológicos, que se presentan como verdades universales y objetivas; así el proyecto establece desde el principio que “el género es una categoría humana que puede estar en constante evolución y como tal tiene que ser percibida como una experiencia vital, un recorrido diverso en tiempos y forma”; es este un dogma basado en la ideología, no en la evidencia científica, y desde los dogmas no se puede construir democracia ni progreso”.





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