Sábado 18/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿“Por todos” o “por muchos”?

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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Algunas personas, creyentes y practicantes, se han extrañado y han manifestado un cierto desconcierto con el cambio en las palabras castellanas de la Consagración .Y subrayo lo de “castellanas”, porque el cambio introducido no se refiere directamente a las palabras latinas que ha venido utilizando la Iglesia desde siglos y que hasta la reforma post-conciliar, eran las que oían los fieles en la Misa: se decía que la Sangre de Cristo era ofrecida “pro multis”; y así se continúa diciendo.

No han faltado artículos que, incluso han llegado a sugerir que se tiene la impresión de que el “muchos” deroga al “todos”; y llegan a insinuar que de esa forma se da la impresión de que Cristo no murió por todos, e incluso se preguntan si hay hombres y mujeres predestinados a la condenación eterna.

Nada más lejos de la realidad; y tampoco cabe en una sana lectura de esta reforma, considerarla como “una resistencia a la reforma litúrgica conciliar”.

Benedicto XVI en una carta al Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, del 14 de abril de 2012, escribe textualmente:

“El respeto reverencial por la palabra misma de Jesús es la razón de la fórmula de la Plegaria Eucarística. Pero ahora nos preguntamos: ¿Por qué Jesús mismo lo ha dicho precisamente así?  La razón verdadera y propia consiste en que, con esto, Jesús se ha hecho reconocer como el Siervo de Dios de Isaías 53, ha mostrado ser aquella figura que la palabra del profeta estaba esperando. Respeto reverencial de la Iglesia por la palabra de Jesús, fidelidad de Jesús a la palabra de la “escritura”: esta doble fidelidad es la razón concreta de la fórmula “por muchos”. En esta cadena de reverente fidelidad, nos insertamos nosotros con la traducción literal de las palabra de la Escritura”.

Aclaro que en el texto de Isaías se lee: “Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos”; “Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomo el pecado de muchos e intercedió por los pecadores”.

El “por todos los hombres” que se ha quitado ahora más que una traducción era una “interpretación” que tenía, es verdad un cierto sentido, porque realmente Cristo murió por todos los hombres: no hay otro Redentor, otro Salvador, que Jesucristo.  Y la palabras “muchos” tiene un sentido indefinido, en cierto modo ilimitado.

El cambio de la “traducción-interpretación” que se ha hecho ahora, puede tener dos lecturas diferentes. El mismo entonces Papa señala la primera, expresión de fe teologal, con estas palabras: “”Todos” se mueve en el plano ontológico: el ser y el obrar de Jesús, abarca a toda la humanidad, al pasado, al presente y al futuro. Pero históricamente, en la comunidad concreta de aquellos que celebran la Eucaristía, Él llega de hecho sólo a “muchos”. Y subraya la responsabilidad de los “muchos” en ser levadura para convertir a todos. “En la sociedad actual tenemos la sensación, dice Benedicto XVI, de no ser en absoluto “muchos”, sino muy pocos, una pequeña multitud que se reduce continuamente. Pero no, somos “muchos”: “Después de esto vi una muchedumbre, que nadie podía contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas” dice el Apocalipsis de Juan (Ap, 7, 9) Nosotros somos muchos y representamos a todos. Así ambas palabras, “muchos” y “todos” van juntas y se relacionan una con otra en la responsabilidad y la promesa”.

Otra lectura –más movida por el sentimiento- que por desgracia se ha extendido entre no pocos creyentes se puede expresar de este modo.  “Cristo ha muerto por todos, por lo tanto “todos” estamos ya salvados. Viva como viva, haga lo que haga, yo iré al cielo”.

Cristo ha muerto ciertamente por todos los hombres, pero el hombre en su plena libertad puede, y de hecho somos testigos de que esto ocurre, rechazar la salvación que Cristo le ofrece. Jesús sufre por ese rechazo, porque vive en su corazón el mal que esas personas se hacen a si mismas. “Muchos” nos quiere también recordar que el Señor cuenta con nosotros para salvarnos. “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”, decía ya en sus tiempos San Agustín.

Que el “muchos” se convierta en “todos” a la hora de la muerte de los hombres es un misterio. “Cómo el Señor, a su modo, llegue a los otros –a “todos”- es a fin de cuentas un misterio suyo”, recuerda Benedicto XVI. Y nosotros podemos preguntarnos.

El Señor ciertamente llega todos –“está a la puerta y llama”; pero ¿”todos” los hombres y las mujeres del mundo, abren la puerta de su corazón al oír las llamadas?

Cristo murió también por Judas, y llamó claramente a su puerta al acogerle como “amigo” en el huerto de los olivos. ¿Le abrió Judas la puerta de su alma?

Los “muchos” son los que, al oír las palabras de Jesús, abren la puerta. Son las “ovejas” que conocen la voz del Pastor.

ernesto.julia@gmail.com


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