Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Las periferias de la resurrección

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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Feliz Pascua de Resurrección. Dios resucita también en las periferias. El Papa Francisco ha puesto a la Iglesia en posición de salida, y nos ha colocado en el contexto y en la mentalidad de las periferias.

Salir a las periferias es algo más que una idea persuasiva de éxito; es una pedagogía que el Papa va definiendo cada día con su palabra y con sus gestos. Ha introducido, en la Iglesia actual, más que conceptos, un estilo, una forma de enseñarnos a mirar, a entender, a amar. No olvidemos que poder y autoridad fluyen del centro a la periferia. ¿Y si le damos la vuelta?

Para entender al Papa Francisco, como ha dicho recientemente Julián Carrón en una entrevista en la revista cultural Jot Down, hay que entender el reto en el que estamos inmersos. Si no entendemos el reto, no entendemos al Papa. “El papa –ha dicho- ha significado y significa un revulsivo. En una realidad de las dimensiones de la nuestra, no todos han reaccionado con la misma inmediatez, como lo vemos en la vida de la Iglesia. Nosotros no somos distintos. Todo depende un poco, en mi opinión, de lo que decíamos al principio: si entendemos cuál es la naturaleza del desafío. Al papa Francisco solo se le puede entender si se entiende cuál es la naturaleza del reto ante el que estamos. Si no entendemos este desafío, pensamos que es una cuestión de acento, de que el papa es latinoamericano, y nos quedamos en lo superficial”.

No debemos olvidar que el entonces arzobispo de Buenos Aires dijo, en las reuniones previas al cónclave de 2013: “La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir a las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria”.

El Papa Francisco no cree en la hegemonía social de la Iglesia, -inviable ahora, por otra parte-, sino en la fascinación de la bondad y del amor. Una Iglesia minoría obstinada en la defensa de los valores no negociables puede peder su fuerza de atracción. Recordemos que a los obispos norteamericanos el Papa les dijo que “el lenguaje duro y belicoso de la división no es propio del pastor, no tiene derecho de ciudadanía en su corazón”. De ahí que las periferias se conviertan ahora, ante la profanidad de los retos en los que estamos inmersos, en razón y método, en método y razón, de la Iglesia en misión, de la Iglesia en salida, de la geopolítica vaticana, de la geopolítica teológica.

Como dijera el Papa Francisco a los superiores generales de las comunidades religiosas: “Yo estoy convenido de una cosa: los grandes cambios de la historia se realizan cuando la realidad se ve no desde el centro, sino desde la periferia. Es una cuestión hermenéutica: se comprende la realidad solamente si se la mira desde la periferia, y no si nuestra mirada parte de un punto equidistante de todo”. 


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