Domingo 22/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un pensador sobre los obispos

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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En ocasiones, la lectura depara curiosas sorpresas. Me ocurrió no hace mucho con las Actas del Simposio sobre la reforma de y en la Iglesia organizado, en Roma, por la revista la Civiltà Cattolica, del 28 de septiembre al 2 de octubre de 2015.

En el grueso volumen aparece publicada la intervención de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio en 1968, titulada “Lecciones de las reformas del siglo XX”.

En ese texto encontramos afirmaciones sorprendentes que deben darnos que pensar. Y que podemos plantear, como hipótesis, si se corresponden con la actual situación de nuestro estado general o del particular.

Dice Riccardi, en la página 121, que la conversión misionera de la Iglesia, en cuanto movimiento que indica el Papa como camino a recorrer, se “realiza en un marco cultural no precisamente exultante por lo que respecta hoy al catolicismo, y en particular a su clase dirigente”.

Y añade este autor: “Un límite en los medios de la Iglesia de finales del siglo pasado y comienzos del nuevo es precisamente la falta de ideas, visiones, especialmente en la clase dirigente de la Iglesia y del mundo. Y también la falta de movimientos reformadores. La pobreza de visiones y pensamientos de altura en las esferas dirigentes preocupa también en la perspectiva de la reforma”.

Andrea Riccardi añade, a renglón seguido, las palabras de Pablo VI, en 1967, en la Populorum progressio número 85: “Y si es verdad que el mundo se encuentra en un lamentable vacío de ideas, Nos hacemos un llamamiento a los pensadores de Dios, ávidos de absoluto, de justicia y de verdad: todos los hombres de buena voluntad. A ejemplo de Cristo, Nos atrevemos a rogaros con insistencia «buscad y encontraréis»(Lc 11, 9), emprended los caminos que conducen a través de la colaboración, de la profundización del saber, de la amplitud del corazón a una vida más fraternal en una comunidad humana verdaderamente universal”.

Páginas más adelante retoma este argumento al insistir en que “se ha producido un descenso del nivel cultural de los episcopados, mientras que el mundo se vuelve más complejo, con muchos y articulados signos de los tiempos por descifrar”.

Palabras que son pórtico para arremeter contra “una cultura eclesiástica, entre gestión de gobierno y pastoral, no muy adecuada para hacer frente a los cambios y para leer una realidad tan compleja, aunque tal vez sea apta para gobernar las instituciones y guiar a las Iglesias como minorías”.

Palabras y palabra de Andrea Riccardi.

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