Sábado 21/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La pederastia en España

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La publicación de la carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe a las Conferencias Episcopales con la orientación y el subsidio de las Líneas Guía para tratar casos de abusos sexuales a menores es una magnífica apuesta por unificar la doctrina y la praxis en la Iglesia sobre la pederastia, al tiempo que nos permite preguntarnos acerca de cómo está esta cuestión en España. El Papa podrá hablar más alto, pero no más claro. Ahí están sus intervenciones sobre lo que significa esta lacra moral en la Iglesia y en la sociedad.

Han sido muchos los años en los que reinaba, en la práctica, la confusión. Ahora, como un nuevo signo de los tiempos, la claridad ha abierto paso. Una claridad, primero, en la verdad de lo que representa este abominable pecado, el misterio de la iniquidad en la vida de las personas y de los sacerdotes; luego, claridad espiritual, moral y teológica y, después, civil, por eso de que no conviene mezclar los ordenamientos sin necesidad. La conversión del corazón a Cristo es, sin duda, la mejor terapia.

El texto de la citada carta no contiene ninguna novedad sustancial respecto a la legislación anterior y a las últimas modificaciones. Es una invitación al ejercicio de la responsabilidad vinculante, en la medida en que, tomando como modelo lo establecido por los episcopados de Estados Unidos e Irlanda, pretende que no haya divergencias de pareceres y de actuación. ¿Qué se hará en España? Gracias a la diligencia de los responsables de la Conferencia Episcopal Española, hace ya meses que los obispos, y los vicarios generales de algunas diócesis, incluso algún destacado vicario judicial, cuentan con los protocolos reservados, canónico y civil, aprobados al uso, que están en plena sintonía con lo solicitado por la Santa Sede. Según los especialistas, quizá haya que dar un retoque a cuestiones accidentales. La sustancia, tanto del modo de abordar la materia como los procedimientos, es prácticamente idéntica a la propuesta por la Santa Sede, de lo que se deduce la sintonía de un sano realismo.

Un solo caso de pederastia representa la quiebra de la coherencia evangélica. En España se han dado algunos, aislados, numéricamente menores en comparación con lo que ha ocurrido en otras latitudes. La peculiaridad de la legislación civil respecto a quién puede denunciar los abusos, o sobre los plazos de prescripción del delito, está determinando algunas prácticas. Solamente orquestadas campañas con el fin de amargar la fiesta de la venida del Papa pueden enturbiar las aguas tranquilas de la Iglesia en España, que sabe de su responsabilidad en esta cuestión y que ha actuado con la diligencia requerida. Ahora, además, cuenta con magníficos instrumentos de respuesta, verificados universalmente, que ofrecen a los obispos una seguridad largamente esperada.

José Francisco Serrano Oceja

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