Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La paz en el año de la fe

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Aunque pasara por el aquí de la actualidad, no es éste el lugar para una reflexión en detalle sobre el fenómeno y el síntoma, que no sólo síndrome, del obispo emérito. Dícese del obispo, en plenitud de facultades, que está dedicado a escribir el pasado y a comentar el presente con proliferación de declaraciones públicas e intervenciones varias.

Es ésta, en pura lógica numérica, una de las corrientes más profundas y más fuertes que están operando en el presente de la Iglesia en España. Ser emérito no quiere decir, por tanto, estar inactivo, ni estar obligado al silencio del claustro. Ni mucho menos. Tampoco quiere decir que por eso de ser emérito se sea más libre.

No se trata sólo de su obligada presencia en la celebración de sacramentos, sino de su capacidad para influir, condicionar, alentar, promover, proponer, estrategias e iniciativas. Tampoco debemos extrañarnos, la veteranía siempre ha sido un grado, y en la Iglesia el respeto a los presbíteros, a los ancianos, es condición de su forma de existencia. Hay quienes, incluso, han solicitado que se les ofrezca una responsabilidad, una tarea o misión, en la Conferencia Episcopal. Una función que contribuiría a la consolidación de ese organismo de coordinación y cooperación entre las Iglesias. No ha sido la primera vez. Recordemos que monseñor Cirarda presidió una Comisión Episcopal especial siendo emérito.

Viene al caso no de la turné de presentación de las memorias de un cardenal emérito, sino de las declaraciones del obispo emérito de San Sebastián, monseñor Uriarte, sobre ETA. Monseñor Uriarte, por cierto, no es sólo monseñor Uriarte, es una parte, porción en lenguaje más o menos teológico, de la Iglesia en el País Vasco. No hace mucho, el titular de San Sebastián, monseñor Munilla, alentaba con sus palabras al protagonismo y la necesaria presencia de las víctimas en el proceso del fin de ETA y en la actuación del Estado. Ahora, el obispo emérito de esa diócesis, en una entrevista al diario "El Correo", le da un giro a la cuestión y se convierte en portavoz de una trayectoria de presencia de la Iglesia en el denominado proceso de "pacificación".

Sabe monseñor Uriarte que los tiempos y los directores de orquesta de estos procesos proceden de otra escuela interpretativa, están conformando un equipo con otros músicos, y con distinta partitura. El fin es el mismo, el del terrorismo, pero los medios, el cómo, no. Las imaginadas y reiteradas conversaciones de monseñor Munilla con el Presidente de la Conferencia Episcopal permiten una vía directa entre el norte y el centro. El gobierno de Rajoy tiene hilo directo con Roma, especialmente por el muy bien relacionado en estos ambientes ministro del Interior. La bien recibida interpretación del proceso por parte de Roma –al nacionalismo siempre se le ha escuchado con atención-, hasta ahora avalada por la política oficial, se verá completada con otras versiones. El episcopado en el País Vasco tiene perfiles diferentes que el de hace diez años, y otras inquietudes en su comprensión de la Evangelización, perdón, de la Nueva Evangelización. Y esto es lo que marca el ritmo de una Iglesia dedicada a predicar a Jesucristo, muerto y resucitado, Príncipe de la Paz.

La paz en el año de la fe.

José Francisco Serrano Oceja

jfsoc@ono.com

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