Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La paz con los Reyes Magos

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Un artículo de...

Jesús Ortiz
Jesús Ortiz

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La famosa villa castellana de Covarrubias, en Burgos, fue fundada por el conde Fernán González, allá por el siglo X: es un monumental conjunto histórico-artístico alrededor de  su espléndida Colegiata. Entre tantas maravillas destaca una obra de arte excepcional: el famoso Tríptico de los Reyes Magos labrado y policromado con singular perfección y sentimiento en el siglo XV. Podemos contemplar en el centro a la Virgen esbelta, gentil y solemne, que ofrece el mejor Don a la humanidad: al Niño Dios que alarga con naturalidad su pequeño brazo para curiosear aquellos  regalos. San José, tan discreto como siempre y en segundo plano, rebosa confianza y paz. Los tres Reyes  ricamente ataviados se muestran muy señores y reverentes. Aquí el genial artista quiso jugar con el tres que siempre fue número de perfección: Tres de Familia, tres Reyes, tres ofrendas, tres gorros o tocados, y tres animales porque a la mula y el buey añade un perrillo fiel.

Aunque la Navidad es noche de paz cada año algunos intentan convertirla en motivo de discordia. Unos se niegan a poner en la escuela pública un belén que conmemora el nacimiento de Jesucristo, un importante hecho religioso, cultural y artístico de nuestra sociedad. Y se escudan en que la celebración de la Navidad podría herir los sentimientos de los musulmanes, pero resulta que la Federación Islámica ha dicho que son bienvenidos los belenes en los colegios y espacios públicos, porque también ellos respetan a Jesús. La polémica procede por tanto del laicismo que utiliza a los musulmanes como pretexto, y ahora resulta que ese laicismo sí establece fronteras entre los ciudadanos, creando división donde había unidad, y discordia donde había concordia. Es el fruto amargo de una ideología antirreligiosa, nada neutral, que acusa precisamente a las religiones monoteístas de dividir a los pueblos.

Hoy sabemos que, por parte de los cristianos, no habrá guerra de religiones porque nuestra fe no es violenta y va unida a la verdad y a la caridad. Las amables figuras de los Reyes Magos dan testimonio de ello a través de una ciencia humana que les sirvió para descubrir a ese Dios que muchos ven lejano porque no se mueven para buscarlo, mientras otros quieren verle como un competidor de la autonomía del hombre. Sin embargo, como esos Reyes o el autor anónimo del retablo de Covarrubias, los cristianos podemos dar testimonio de Jesús cuando trabajamos con rectitud por el bien del hombre como pedía Juan Pablo II: «Se necesitan heraldos del Evangelio expertos en humanidad, que conozcan a fondo el corazón del hombre de hoy, participen de sus gozos y esperanzas, de sus angustias y tristezas, y al mismo tiempo sean contemplativos, enamorados de Dios».

Por eso la Epifanía o manifestación de ese Niño como el Dios- con- nosotros es una gran ocasión para decidirse a seguir la estrella, sin conformarse simplemente con mirarla. Bueno sería que después de esa fiesta de Epifanía los adultos intentemos parecernos a los pequeños en la esperanza de los regalos que traen los Magos de Oriente, y tan niños como esos sabios que han buscado con sacrificio la verdad y descubren que Dios no siembra fronteras porque nadie queda excluido del amor de ese Niño nacido en Belén de Judea.


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