Jueves 14/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

A los musulmanes de bien, mártires del islam

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Un artículo de...

Pilar Gonzalez Casado
Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

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Una semana antes del atentado de Niza, Asia News publicó unas declaraciones de Hocine Drouiche, vicepresidente de la Conferencia de Imanes de Francia. Dos ideas básicas articulan su discurso: la crisis que sufre el islam y la urgente necesidad de reforma que necesita para que pueda seguir existiendo. Una constante histórica durante los dos últimos siglos. La crisis es teológica y jurídica y, entre los elementos que la componen, señala la ausencia de una referencia religiosa competente y el enclaustramiento en el pasado que impide adaptar los textos religiosos a las circunstancias modernas. Defiende la existencia de un islam europeo como remedio de la crisis. Y emplaza a este islam europeo a enfrentarse a la verdad, a romper con las visiones importadas del mundo árabe y a admitir que el discurso religioso islámico todavía necesita adaptarse a los valores europeos.

Declaraciones valientes de un musulmán de bien que destaca habitualmente por condenar la violencia y que pueden costarle amenazas y agravios del islam que él denomina político. Dejando a un lado la cuestión de si un islam exclusivamente europeo sería realmente islam, de las palabras del imán parisino se puede deducir que también está en manos de los propios musulmanes frenar tanta barbarie. La inexistencia de una autoridad religiosa puede agravar el problema o solucionarlo: al no existir, la decisión sobre lo que verdaderamente pertenece a la esencia del islam y lo que no, recae en la respuesta individual del fiel musulmán. Con ella se puede testimoniar que lo que se autodenomina «islámico», pero que realmente no lo es, y que, según las palabras del imán, «ha transformado el islam de la vida en una ideología de muerte», puede emprender el proceso contrario. Los musulmanes de bien han de emprender esta reforma valiente. Parece que la Escuela Coránica de Al-Azhar la ha retomado. Es el momento de que la expresión «mártires del islam» adquiera su verdadero sentido.

Hocine Drouiche se lamenta de que por primera vez en la historia cuentan con conversos europeos que han aceptado la llamada del islam no para convertirse a la paz y el amor sino para convertirse al odio y a la guerra, debido a las interpretaciones desviadas que el fundamentalismo hace de los textos. Si los musulmanes se consideran depositarios y custodios de un mensaje divino, de una tradición y de una ley, les corresponde ser la autoridad que ha de confrontarse continuamente con las palabras divinas para adecuarse a ellas en el presente. Si por el contrario, como parece que dejan traslucir las palabras del imán parisino, conciben el proceso al revés, se consideran dueños del mensaje para adaptarlo a las circunstancias actuales, surgirán diferentes interpretaciones, todas legítimas, y la situación continuará girando en bucle hasta pulverizar la umma. El islam religioso, el político y el europeo comparten un único dogma, que Dios es uno y único y que manifiesta su unidad en los seres creados. En las manos unidas de los musulmanes de bien está renovar el islam y purificarlo de las desviaciones con las que se haya podido contaminar en el devenir histórico, porque nuestro presente convulso también necesita el bálsamo de los verdaderos testigos del islam para que la humanidad se convenza de la bondad de su verdad.

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