Martes 12/12/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Es el momento de la Universidad

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No es más el discípulo que el maestro. Quienes consiguieron que Benedicto XVI no pronunciara su conferencia en la Universidad de La Sapienza han aprendido la lección; el mal también es difusivo de sui por el empeño de los suyos. Los hijos de las tinieblas han tomado la Universidad. Ahora ha sido la Autónoma, acunada en los brazos del hoy Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que calla torticeramente, la que no ha garantizado una anunciada conferencia del arzobispo de Madrid sobre el cristianismo en nuestro tiempo.

La Universidad ha caído en el desprestigio de sí misma, en el desprecio de lo que la constituye como tal. Una sociedad que pervierte a su Universidad, y una Universidad que pervierte a la sociedad, que son sus alumnos, está condenada a la extinción. Lo que ha ocurrido es un síntoma más de la necesaria reconversión industrial de las Universidades españolas, es decir, de un proceso de desaparición de algunas Universidades en orden a reducir ese déficit público, que es moral, y que está hundiendo el sistema universitario. Recomiendo a los lectores muy vivamente el segundo volumen de las memorias del maestro Alejandro Llano, “Segunda Navegación” (Editorial Encuentro), dado qué no ayudará a saber a qué atenernos con la Universidad española y en la Universidad Española.

Nada de lamentos. Es la hora de la acción. Es el momento de que el grupo de profesores católicos que se reúnen todos los finales de curso con el cardenal Rouco elaboren un manifiesto en contra del laicismo agresivo que impide que lo que hace que la Universidad sea Universidad desaparezca, la búsqueda conjunta de la verdad, la capacidad de escucha y de diálogo. Es el momento de organizar en la Universidad Complutense, o en cualesquiera de las Universidades madrileñas, una gran conferencia del cardenal Rouco en la que pueda pronunciar el texto que tenía preparado y que, hasta ahora, es inédito. Es el momento de que la Delegación de Gobierno se deje de subterfugios y de falsos trueques y se preocupe por la seguridad de las capillas en los centros universitarios y por los actos que organiza la Pastoral Universitaria y cualesquiera grupos que se confiesan cristianos.

Es el momento de que los Rectores de las Universidades de Madrid, responsables del buen nombre de la Universidad, hagan pública una declaración en la que confiesen que sus centros académicos están abiertos y son lugares privilegiados para la palabra esencial sobre el hombre, que tiene allí su hogar. Es el momento de enarbolar el orgullo de una Universidad, ejemplar en muchos ámbitos, pero que no puede más tiempo padecer el secuestro de un radicalismo laicista que impida el ejercicio de los derechos fundamentales. Es el momento de la Universidad.

José Francisco Serrano Oceja

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