Jueves 23/11/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

¿Es la mezquita una “iglesia musulmana”?

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Un artículo de...

Pilar Gonzalez Casado
Pilar Gonzalez Casado

Profesora Agregada a la Cátedra de Literatura árabe cristiana de la Universidad San Dámaso.

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La mezquita-catedral de Córdoba sigue siendo objeto de disputa, esta vez se discute el dueño legítimo de su titularidad, si es la diócesis de Córdoba o los cordobeses. Entre  2007 y 2008, la Junta Islámica dirigió una carta a Benedicto XVI, por medio de la nunciatura apostólica, en la que solicitaba compartir su uso para que los musulmanes pudieran realizar en ella el rezo individual. El entonces obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, explicó en un comunicado las seis razones por las que esta proposición no era posible. La segunda especificaba que el uso compartido de espacios sólo podía tener sentido circunstancialmente en lugares como los aeropuertos o las villas olímpicas en los que no hay templos sino lugares de oración. Sin ser su objetivo, sugirió la diferencia principal entre la iglesia y la mezquita, pues esta última es propiamente un lugar de oración pero no un templo entendido como espacio sagrado y consagrado.

Como su propio nombre indica en árabe, masŷid, mezquita, significa lugar de prosternación. Es el espacio donde el musulmán se postra para orar en señal de adoración a Dios. Es un lugar de oración personal y colectiva, que también tiene una dimensión social, porque en él se discuten asuntos públicos y políticos, a semejanza de lo que, según la tradición, sucedía en la casa del Profeta en Medina. Es lugar de oración y de reunión, pero no es un espacio sagrado, a Dios no se le puede encerrar entre sus muros, sino un espacio reservado exclusivamente a los musulmanes. No es más sagrado que el resto de la tierra creada por Dios. El musulmán puede orar en cualquier lugar, si se aísla de la posible impureza o suciedad postrándose sobre una alfombra. Cuando la mezquita además tiene el rango de madrasa, es también un centro de estudio de las ciencias coránicas y jurídicas donde se enseña la fe islámica y desde donde se la difunde. Con el paso del tiempo, adquirió las características arquitectónicas propias que la definen como tal: el muro de la quibla, orientado hacia el santuario de la Kaaba en La Meca (aunque en un primer momento miraba a Jerusalén); el mihrab o nicho que señala la quibla para saber hacia dónde tiene que orientar su mirada el orante; y el alminar o torre desde la que el almuédano llama a la oración recordando que Dios es el más Grande. Otros elementos como el minbar (el púlpito) y la fuente para las abluciones no son indispensables. Se asemeja más a la sinagoga judía que al templo cristiano.

Para los judíos, el templo era la morada de Dios entre los hombres. Para los cristianos, la iglesia es el edificio destinado al culto divino, es también casa de oración y de reunión y lugar de enseñanza de la fe cristiana. El cristiano también puede orar desde cualquier lugar porque Dios está presente en toda su creación. Pero cuando ora en la iglesia católica sabe que está en la presencia real del Hijo de Dios. Es propiamente la casa de Dios porque allí se celebra y reserva la Eucaristía. Es el lugar sagrado indiscutible porque allí está Dios en persona encerrado por amor y por su propia voluntad. Para el musulmán es una aberración limitar al Infinito, al más Grande. Solo una precisión, como sostenía J. Ratzinger en su Introducción al cristianismo, la imagen cristiana de la verdadera grandeza de Dios es precisamente esa: «Es divino no estar encerrado en lo máximo y sin embargo estar contenido en lo mínimo. Ese espíritu ilimitado, que contiene la totalidad del ser, supera "lo más grande" porque para él es pequeño, pero cabe también en lo más pequeño, porque para él nada es demasiado pequeño». Aprisionar al más Grande es la diferencia fundamental entre la iglesia y la mezquita aunque en ambas se proclame la grandeza absoluta de Dios.

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