Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La otra mejilla

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No se defendieron. En la noche del 2 al 3 de diciembre, tres jóvenes armados asaltaron el seminario Redemptoris Mater de Abidjan -Costa de Marfil-. El rector fue herido en la cabeza, y mientras estaba tendido en el suelo de su cuarto de baño con la cabeza cubierta de sangre, no paraba de rezar por los seminaristas.

"El comportamiento de todos los seminaristas fue ejemplar: estos jóvenes podrían haber plantado cara a los otros jóvenes que venían a atracarlos. No por cobardía, sino por convencimiento, todos optaron por no ofrecer ninguna resistencia al mal que le estaban haciendo los bandidos". Así se expresa el misionero español José Antonio Martínez Puche, testigo de los hechos, en la página web de los dominicos, orden a la que pertenece.

¿Están locos? ¿Cómo es posible que unos jóvenes no se defiendan ante los ataques injustos? ¿Cómo es posible? "Seguro que pensaron en la imagen del futuro Mesías que ofrece el profeta Isaías (53,7): como cordero llevado al matadero, no abrió la boca", apostilla el periodista de la web de los dominicos. Es más que eso, es cumplir el Sermón de la Montaña.

No están locos. Tienen dentro de ellos algo que les permite no tener miedo a la muerte física. Es la nueva creación de la que hablaba San Pablo en la segunda carta a los Corintios. Quizá alguno de los lectores piense que esto es un arcaísmo, que en el tiempo actual no se puede creer a pies juntillas el Evangelio. Jesús dice: "Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra" (Mt, 5, 38s). Cuando se escucha esto, todos asentimos devotamente desde el calentito banco de la Iglesia. ¿Nos hemos parado a pensar qué quiere decir esto?

Estos cristianos nos han mostrado que el evangelio es algo actual, y que se cumple en el que acoge la Palabra de Dios y se deja hacer. Es el caso de estos hombres, que ante el atraco y la violencia no se resisten. Estos hombres que en los días siguientes al asalto rezaron por los atracadores y por sus familias, dentro de la celebración de la Eucaristía. ¿Son tontos? No. Simplemente tienen vida eterna dentro.

chelizpaula@gmail.com

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