Lunes 23/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

La llegada de don Carlos Osoro

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Un artículo de...

Jose Francisco Serrano
Jose Francisco Serrano

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La Iglesia en Madrid se prepara para recibir a su nuevo obispo. “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” reza una pancarta con la que las Comunidades Neocatecumenales suelen recibir al nuevo obispo en su toma de posesión.

La ceremonia de este próximo sábado, en la catedral de Madrid, apunta a un lleno absoluto. Bien es cierto que, tal y como se demostró en la despedida del cardenal Rouco, el primer templo madrileño tendrá muchos defectos, pero con una principal y primera virtud: hace posible que las ceremonias se vivan en un ambiente agradable, luminosos, de fiesta... como de familia.

De momento, lo que sabemos es que don Carlos Osoro ha dejado claro que no se irá de la Catedral hasta que salude uno por uno a quienes quieran acercarse a él. Como recuerdo de la ceremonia, una estampa de la Virgen de la Almudena con la oración de San Juan Pablo II, la oración que rezó, al final de la misa, el Cardenal Rouco en su despedida.

Es tiempo ya de destacar algunos perfiles del nuevo arzobispo. Hoy toca el de su magisterio sobre la santidad. La referencia para ello es uno de los textos publicados hasta ahora más desconocidos, pero más elaborados sobre esta materia, de monseñor Osoro: el aparecido con el título “La pastoral de la santidad”, en el libro “Hablar hoy de martirio y de santidad”, edición de María Encarnación González, en EDICE.

El contexto de la Carta Apostólica de san Juan Pablo II “Novo millennio ineunte” permite el arranque de un texto que se caracteriza por la fundamentación patrística y filosófica de la santidad, inmediatamente relacionada con la belleza. Las referencias al Concilio Vaticano II, Lumen Gentium y Gaudium et Spes son constantes en la medida en que este escrito supone una glosa de las afirmaciones conciliares. Recuerda, con varias modulaciones, lo dicho por Benedicto XVI: “Sólo de los santos, sólo de Dios, proviene la verdadera revolución”.

La parte más novedosa y atractiva de este capítulo, originariamente conferencia, son los apartados cuarto y quinto, en los que explicita tres tareas actuales en la pastoral de la santidad y cinco dinamismos: la tarea de la conversión; la tarea de vivir de la nueva vida dada en el Bautismo y la Confirmación; y la tarea de vivir en una formación y experiencia de Dios permanente, es decir, vivir el catecumenado. Los dinamismos destinados a provocar en una pastoral de la santidad son: el dinamismo eucarístico, el de la reconciliación o penitencia; el de la oración o del diálogo con Dios; el descubrimiento de la concreción de la vocación cristiana; y el que ayuda a los demás a vivir con más profundidad y mantener dirección y consejo espiritual.

El libro concluye con una amplia exégesis de la santidad de San Pedro Poveda, un santo al que el nuevo arzobispo de Madrid tiene especial devoción y admiración, y sobre el que ha escrito no pocas páginas. Una exégesis que es glosa de un libro de san Pedro Poveda, editado en 1909 con el título: “Para vivir cristianamente. En provecho del alma”.

Allí se lee la siguiente consideración del mártir Pedro Poveda a sus hijas: “Lo único que me preocupa en la vida es que seáis completamente de Dios. Que Él se trasluzca en vuestras obras y trabajos: que sea tan patente en vosotras, que donde estéis haya que decir: El dedo de Dios está aquí”.


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