Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

Un inédito sobre las JMJ

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Cristina y Ana Larraondo han tenido la paciencia de recopilar, en Cobel ediciones, veinticinco testimonios de Jóvenes de la Generación JMJ, que tiene ya veinticinco años. Han tenido la suerte, además, de contar con un texto inédito del cardenal Antonio María Rouco Varela, en el que narra algunos episodios de su relación con Juan Pablo II y con la inspirada iniciativa de las Jornadas Mundiales de la Juventud.

En los primeros párrafos, el arzobispo de Madrid recuerda las generaciones de jóvenes en la Europa de los últimos años, principalmente las del mayo del 68. “Recuerdo que en el otoño de ese año crucial, en el tiempo de mi habilitación como profesor de Derecho Canónico en Munich, unos amigos me invitaron a conocer de cerca cómo se divertían nuestros jóvenes universitarios en un local de la nueva moda, un antiguo cine-teatro muy frecuentado entre los estudiantes muniqueses. Salí a los diez minutos: poca y mareante luz, reunido ensordecedor, la gente apenas se hablaba. Diversión alocada y sin comunicación personal”.

Juan Pablo II conocía el método de acompañamiento de la Juventud a la perfección. De ahí las JMJ. Un método que se perfiló en la de Santiago de Compostela de 1989. He aquí algunos retazos del testimonio del cardenal: “Juan Pablo II llegó a Santiago enfermo, con fiebre. Lo disimuló muy delicadamente. Se le recibió en el aeropuerto de Lavacolla con emoción y fiesta…”. A partir de aquí, nuestro autor hace una detallada radiografía de cada uno de los momentos de la Jornada: recepción en el aeropuerto, entrada en la Catedral de Santiago, acto con los jóvenes discapacitados, Vigilia en el Monte del Gozo, misa en ese templo de la naturaleza el domingo.

Llegan las conclusiones. “La JMJ de Santiago fue tachada por algunos sociólogos franceses de haber sido un sueño pasajero: ¡un mero espejismo! Según ellos, sobraban las ilusiones: los jóvenes seguían donde estaban antes de la Jornada, es decir, separados de la Iglesia y sin acercarse a Cristo. Nuestros amigos pastoralistas franceses se equivocaban profundamente”. Imágenes, experiencias, París, Toronto. “Los recuerdos de Toronto son muchos y muy entrañables –recalca el arzobispo de Madrid- Destaco un simpático: el cardenal Lustiger, un gran obispo de la Iglesia contemporánea, Arzobispo de París, repartiendo yogures al amanecer, empeñado en que nos vendría muy bien tomarlos”.

José Francisco Serrano Oceja

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