Viernes 20/10/2017. Actualizado 01:00h

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Tribunas

El “humo” no llegó a entrar en la Sala

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Un artículo de...

Ernesto Juliá
Ernesto Juliá

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“No sólo los católicos laicos, sino también muchos cristianos ortodoxos están rezando fervorosamente por este Sínodo. Porque, como ellos dicen, si la Iglesia Católica se entrega al espíritu de este mundo, será muy difícil para todos los demás cristianos resistirlo”.

Con estas palabras terminó su intervención en el Sínodo, la dr. Anca-Maria Cernea, médico de Bucarest, Católica rumana de rito griego, que resistió firme en su fe, con su familia, la persecución comunista en su país.

“La misión de la Iglesia es salvar almas. En este mundo el mal proviene del pecado. No de la disparidad de ingresos ni del “cambio climático”. La solución es: Evangelización, Conversión”, dijo entre otras cosa, después de afirmar que: “La pobreza material y el consumismo no son la causa primera de la crisis de la familia”.

Y terminó recordando: “Ahora necesitamos que Roma le diga al mundo: Arrepentíos de vuestros pecados y volved a Dios, porque el Reino de los Cielos está cerca”.

Esta mujer habló en el Sínodo el 16 de octubre; no sé la atención que le habrán prestado los padres sinodales. El Espíritu Santo, que es Quién lleva adelante la Iglesia, les guste a unos o no les guste, sí la ha tenido en cuenta.

Ya comenté en el artículo anterior, que el arzobispo Peta, de Astana, Kazajstán, había señalado que “el humo de Satanás pretende entrar en el Sínodo a través de tres propuestas:

-la de admitir a la Sagrada Comunión a los divorciados vueltos a casar civilmente;

-la de afirmar que la cohabitación antes del matrimonio podía tener en sí misma valores buenos;

-la de defender que la homosexualidad podía ser supuestamente normal”.

El “humo” se ha quedado por los tejados, aunque Satanás es paciente, y volverá a intentarlo aprovechando los medios que tenga a su alcance, que siempre encuentra gente, también dentro de la Iglesia y a cualquier altura, que se preste a su servicio como un aprendiz de Fausto cualquiera.

Además de señalar que “las personas con alguna tendencia homosexual “sean acogidas como todos los fieles que quieran vivir la moral y la fe en Cristo, el documento final del Sínodo subraya que: “no hay fundamento alguno para asimilar o establecer cualquier analogía, ni siquiera remota, entre las uniones homosexuales y el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia” (n. 76). Si a esto añadimos que se habla de “personas con tendencias homosexuales”, y nunca de “personas homosexuales”, que no existen; podemos decir que el “humo” se quedó fuera.

Algunos pretendían que se afirmara que la cohabitación –el irse a vivir juntos-, tiene valores positivos en el camino de preparar para el matrimonio. Puede dar la impresión, nn. 70, 71 de laRelatio- que al menos una nubecilla de humo se hubiera colado. No es así.

Es cierto que se echa de menos una referencia a la situación de pecado -¡cuando se perderá el miedo de hablar de pecado, y animar a todos a convertirnos!- que esas uniones comportan en un bautizado, y que hubiera sido muy oportuno señalar. Es preciso reconocer, sin embargo, que en ningún momento se les reconoce como “camino de preparación al matrimonio; y al contrario, se dice: “que estas situaciones han de ser afrontadas de manera constructiva, procurando transformarlas en “camino de conversión” hacia un matrimonio y familia a la luz del Evangelio”. O sea, convertirse, dejar de cohabitar, y casarse si de verdad desean unirse en matrimonio y formar una familia a la luz del Evangelio.

Aunque algunos medio hablan en sentido contrario, el Sínodo no abre las puertas de la Comunión Eucarística a los bautizados que se han divorciado y vuelto a casar civilmente, A los sacerdotes que les atiende les recomienda que vayan preparando la conciencia de esas personas para que se den cuenta de la situación, que les ayude a participar en la vida de la Iglesia, bien consciente de que “ no puede prescindir de las exigencias de caridad y de verdad del Evangelio propuestas por la Iglesia”. Y esas exigencias son las mantenidas en la Iglesia desde siempre: “vivir como hermano y hermana, y no dar escándalo”, que ya recordó a su tiempo Juan Pablo, y que no han cambiado nada.

Además de estas, y en este primer artículo sobre el resultado del Sínodo, quiero recoger dos afirmaciones que el “humo” hubiera impedido escribir:

“Agradecer al Señor la generosa fidelidad de tantas familias cristianas que viven su vocación y su misión, también ante obstáculos, incomprensiones y sufrimientos” (n. 1)

“La Iglesia, experta en humanidad y fiel a su misión, anuncia con profunda convicción el “Evangelio de la Familia”, recibido con la Revelación de Jesucristo e, ininterrumpidamente enseñado por los Padres, los Maestros de Espiritualidad y por el Magisterio de la Iglesia” (n. 2).

Anca-Maria Cernea ha sido escuchada: La Iglesia no se “ha entregado al espíritu de esta mundo. Ha vuelto a encender una Luz para que la familia cristiana ilumine –luchando contra-corriente- los caminos del vivir humano en este mundo.

Ernesto Juliá Díaz

ernesto.julia@gmail.com

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